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Reflexiones: El Triple Filtro de Sócrates

Bienestar

En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos.

Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:

- ¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

- Espera un minuto – replicó Sócrates. Antes de decirme nada quisiera que pasaras un pequeño examen. Yo lo llamo el examen del triple filtro.

- ¿Triple filtro?

-Correcto -continuó Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo,  puede ser una buena idea filtrar tres veces lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.

El primer filtro es la verdad. ¿Estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

- No -dijo el hombre-, realmente solo escuché sobre eso y…

- Bien -dijo Sócrates. Entonces realmente no sabes si es cierto o no.

- Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad. ¿Es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?

- No, por el contrario…

- Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de  que sea cierto.
Pero podría querer escucharlo porque queda un filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

- No, la verdad que no.

- Bien -concluyó Sócrates-, si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno, e incluso no es útil ¿para qué querría saberlo?

Rita González

Executive Coach

Yo puedo hacer la diferencia

Quiero compartir con todos vosotros este escrito que me parece muy hermoso.
Yo puedo hacer la diferencia
Su nombre era Mrs. Thompson. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira. Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado Teddy Stoddard.
Mrs. Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que el no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño. Teddy comenzaba a ser un tanto desagradable.
En la escuela donde Mrs. Thompson enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Teddy para el final. Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa.
La profesora de primer grado escribió:
“Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca”.
Su profesora de segundo grado escribió:
“Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.
La profesora de tercer grado escribió:
“Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas”.
Su profesora de cuarto grado escribió:
“Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase”.
Ahora Mrs. Thompson se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos le llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Teddy.
Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que el había tomado de una bolsa de papel.
Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se colocaba un poco del perfume en su muñeca. Teddy Stoddard se quedo ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir: “Mrs. Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá”.
Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir. En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. Mrs. Thompson puso atención especial en Teddy. Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, el respondía más rápido. Para el final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase.
Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Catorce años después recibió otra nota. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Dr. Theodore F. Stoddard.
La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Teddy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a Mrs. Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto Mrs. Thompson aceptó. Ella llegó usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Teddy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído, “Gracias Mrs. Thompson por creer en mi. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia”.
Mrs. Thompson tomó aire y dijo, “Teddy, te equivocas, tu fuiste el que me enseñó a mi que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí”.
    Autor: Anónimo
Rita González
Executive Coach

Gestionar el cambio a través del lenguaje: el poder de la palabra

 

El lenguaje nunca es inocente, no importa en qué lengua se utilice. No solo hablamos según somos, también somos según hablamos.  El lenguaje es un generador de ser y es la herramienta que utilizamos para conseguir nuestros objetivos -Jorge Salinas-.
 

 

Una palabra irresponsable: puede encender  discordia.

Una palabra cruel: puede arruinar una vida.

Una palabra de resentimiento: puede causar odio.

Una palabra brutal: puede herir o matar.

Una palabra amable: puede suavizar las cosas.

Una palabra alegre: puede iluminar el día.

Una palabra oportuna: puede aliviar la carga.

Una palabra de amor: puede curar y dar felicidad.

¡Las palabras cobran vida! ¡Bendicen o maldicen, alientan o abaten, salvan o condenan!

Gracias a las palabras podemos percibir las diferencias, los contrastes y nos permiten acercarnos al  mundo. Con ellas podemos crear mundos reales e imaginarios. Son puente y camino para conocer y reconocer al ser próximo, descubrir sus diferentes matices, su  humanidad y, cómo no, son también el vehículo para poder llegar a nosotros mismos.

Con la palabra podemos hacer nuestra alquimia interior: aliviar dolores, lidiar con nuestras dudas, rabias, sanar heridas, convencer miedos, observar otras perspectivas, desahogarnos de nuestras esclavitudes interiores y exteriores; en una palabra liberar y liberarnos – Alex Rovira-.

Las palabras que utilizamos tienen un poder incalculable. Las podemos utilizar en nuestro beneficio o pueden hacernos mucho daño. De ti depende.

Desde esta perspectiva conviene que estés muy atento a tu lenguaje para eliminar los hábitos negativos y sustituirlos por otros más efectivos.

Las palabras nos permiten dar un giro a nuestra vida profesional  y personal hacia el éxito. Cuando te escuches realizando afirmaciones del tipo “Se me da bastante mal gestionar a mi equipo”  “las reuniones con mi jefe son insufribles”, date un tironcillo de orejas  y dale un cambio a tus palabras; utiliza la forma verbal pretérito imperfecto.

“Se me daba bastante mal  gestionar a mi equipo” o “las reuniones con mi jefe eran insufribles”. El simple hecho de “desplazar” al pasado esas debilidades, abre de par en par las puertas al cambio. Ahora es posible.

Sin embargo cuando quieras resaltar tus puntos fuertes debes utilizar el presente de indicativo, incluso para esas fortalezas en proceso de cambio. El uso del presente tiene el efecto positivo de alentarte en tu esfuerzo de cambio

El cambio y el desarrollo profesional y personal es responsabilidad nuestra, sólo necesitas salir de la zona de confort.

El lenguaje puede ser un gran vehículo de cambio.

Te invito a que lo pruebes,  te sorprenderás.

Rita González

Executive Coach

Las palabras condicionan nuestras conductas

Con cierta frecuencia mantenemos un lenguaje interior mantenido desde parámetros negativos, tipo: no puedo, no soy creativo, no tengo tiempo o dinero, etc.… Usamos negaciones y/o proposiciones que cierran, en lugar de abrir posibilidades como: nunca voy a lograr mis objetivos,  toda mi vida ha sido una lucha difícil para conseguir lo que quiero, etc.

Quiero enfatizar la enorme importancia de reformular estos conceptos.
La palabra es el segundo nivel de creación (pensamiento/palabra/acto) y si la utilizamos mal se nos hace muy complicado remontar la fase de construir cualquier cosa.
COMUNICACIÓN INTERPERSONAL

Las palabras y pensamientos condicionan nuestros comportamientos

Entonces, escúchate,  habla contigo mismo y con otros. Escribe tus pensamientos negativos o cerrados y reformúlalos hacia otros positivos y abiertos y úsalos!! De lo contrario seguirás en ese discurso negativo.
Tu cerebro es más poderoso que una sofisticada computadora a tu servicio. Él responde con precisión a la forma cómo te hablas a ti mismo y a las preguntas que te haces.
¿Cuál es la pregunta que te haces cuando te encuentras ante un problema o una situación difícil?
Si te preguntas:
- “¿Por qué soy siempre tan estúpido?”   “¿Por qué tengo tan mala suerte?” “¿Por qué a mí todo me sale mal? “ “¿Por qué nadie me tiene en cuenta?”
Tu mente te recordará todas las razones para sentirte desafortunado. O te enfocará en los aspectos difíciles y desagradables de tu vida.
Todas éstas son preguntas que te inducen a generalizar o exagerar lo difícil y sobre todo a desconocer o menospreciar tus cualidades y recursos. Además notarás cómo las respuestas a estas preguntas te dificultarán la resolución de cualquier problema y por encima de todo generarán en ti autocompasión, aislamiento, culpa y resentimiento. Lo peor de todo es que te sentirás sin poder ante esa adversidad específica.
Si en cambio  haces preguntas del tipo:
- “¿Qué hice mal?” o “¿Cómo hago para no repetir este error?” “¿Cómo puedo salir fortalecido de este problema?” “¿En qué áreas tengo que prepararme mejor?” “¿Qué cualidades o recursos tengo que me ayudarán a encontrar una salida?”
Tu mente se enfocará en lo que depende de ti, te ayudará a definir tu problema y tus recursos de una manera más constructiva. Estas preguntas te ayudarán a sentirte más fuerte y optimista con más control en tus resultados.
Los científicos e investigadores del comportamiento han determinado que las personas que logran mejores resultados se hacen con frecuencia preguntas positivas ante las situaciones difíciles.
Recuerda, te puedes hacer preguntas que te debiliten o preguntas que te fortalezcan.
Te invito a observar el poder de tus preguntas, a estar más consciente de tu propio lenguaje interior y a disfrutar de las diferencias.

 

Rita González

Executive Coach