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Estrés: la enfermedad del alma

Es difícil comprender la angustia sin tocar el estrés que producen los fenómenos familiares, laborales y sociales y, el efecto directo sobre los riesgos, peligros y consecuencias de alta gravedad sobre el entorno de vida del individuo.

Pero ¿de que forma podemos reconocerlo? Esta es la base del artículo, tener una mayor comprensión y conocimiento de él, de esta manera es posible que seamos más tolerantes con otros y con nosotros mismos cuando: “quedemos en blanco”, se nos olviden las cosas, perdamos el apetito sexual, nos angustiemos con cierta facilidad y perdamos el control de las acciones.

SINTOMAS

Existen varios estados por los cuales es importante conocerlos para trabajar sobre ellos y, estos son:

  • *  Sentimiento de profunda tristeza interior sin razón aparente.
  • *  Llorar sin razón aparente
  • *  Cambios repentinos en el trabajo o en la profesión
  • *  Alejarse de las relaciones familiares
  • *  Patrones de sueño anormales
  • *  Sueños intensos
  • *  Desorientación física
  • *  Incremento de las “conversaciones con uno mismo
  • *  Sentimientos de soledad
  • *  Un profundo anhelo de volver a Casa
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EXPLICACIÓN DE LOS FENÓMENOS

1. Sentimiento de profunda tristeza interior sin razón aparente: Liberar el pasado causa este sentimiento de tristeza. Es parecida a la experiencia de dejar una casa en la que has vivido durante muchos años para trasladarte a una nueva. Es darte cuenta de que el tiempo se ha ido. Todo esto pasará pero hay un tiempo de “duelo” propio de los cambios.

2. Llorar sin razón: Similar al punto anterior. Es bueno y sano dejar correr las lágrimas. Ayuda a liberarse de la vieja energía interior.

3. Cambios repentinos en el trabajo o en la profesión: Síntoma muy común. Cuando estás cambiando, las cosas a tu alrededor también cambian y eso crea una sensación de inseguridad.

4. Alejarse de las relaciones familiares: Esta es una fuerte razón de estrés y afecta mayoritariamente a los jóvenes que tienen que estudiar en lugares alejados a sus padres o familia directa.

5. Patrones de sueño anormales: Puede ocurrir que se despierten muchas noches entre las 2 y las 4 de la madrugada. Hay mucho trabajo que hacer en vuestro interior, la necesidad de darse un respiro en vital.

6. Sueños intensos: Podrían incluirse sueños con contenido de batallas o guerras, sueños en los que son perseguidos o sueños con monstruos. Estás literalmente liberando viejas energías de tu interior.

7. Desorientación física: Sensación de caminar sin pisar el suelo. Una forma sencilla de sobreponerse a esto es pasar más tiempo en la naturaleza tener una mayor comprensión de si.

8. Incremento de las “conversaciones con uno mismo”: Se encontrarán hablando con ustedes mismos más a menudo. No se están volviendo locos, es una forma magnifica de escape…pero hay que controlarla.

Estos ocho fenómenos son de fácil manejo y con muy buen éxito. No obstante una gran ayuda es el ejercicio físico que acompañe al entrenamiento mental.

Existen otros síntomas pero estos corresponden a situaciones más delicadas y que explicamos más abajo.

A. Sentimientos de soledad

Aunque estén en compañía de otros podría sentirse solo(a) y separado(a) de los demás. Podrías sentir ese deseo de “huir” de los grupos o de la multitud. Estás caminando por el sendero solitario y personal. Cuanta más ansiedad les causen estos sentimientos de soledad, tanto más difícil será compartirlos con los demás en esos momentos. Los sentimientos de soledad también están asociados con el hecho de que sus ideas de amistad y familia se alejan.

B. Perdida de la pasión

Podrías sentirte totalmente desapasionado(a), sin o con poco deseo hacia las cosas. Está bien así, esto también es parte del proceso. Toma tu tiempo “para-no-hacer-nada”. No luchen con ustedes mismos. Necesitas parar durante un período breve de tiempo para poder cargar el nuevo el sofisticado software de la sexualidad.

No es malo apoyarse con hormonas (aunque peligroso por la incidencia de cáncer tanto en hombre como en mujeres) siempre en consulta con profesionales de la medicina, como tampoco lo es usar Sildenafil (Viagra) pero sólo para ir saliendo de la verdadera causa de la pérdida del apetito sexual no obstante lo más importante es hacer esfuerzos necesarios para combatir el estrés en forma inmediata. Todo lo anterior corresponde a los efectos pero lo correcto es atacar las causas.

C. Un profundo anhelo de volver a Casa

Esta es quizás la condición más difícil y desafiante de todas. Podrías experimentar un profundo e irresistible deseo de dejar el trabajo y retornar al Hogar. No es un sentimiento “suicida”. No está basado en la ira o la frustración y no quieres hacer ningún drama, ni de cara a ti mismo ni de cara a los demás. Hay una parte muy calmada que desea volver a casa. La raíz de ese sentimiento es bastante simple, el hogar es el único lugar donde tu espacio, es tu espacio, mal o bien, con los defectos o virtudes propios del sistema, sigue siendo tuyo. Naturalmente que esta sensación debe ser racionalizada pues de lo contrario estás a punto de perder lo que tengas.

¿Han sentido estos fenómenos alguna vez? Estoy seguro de que si, y es por ello que es tan conveniente que las personas sean claras y transparentes con su información personal partiendo naturalmente por ustedes mismos.

 Alvaro Infante Pinochet

El síndrome de Estocolmo en la empresa: un extraño pero común fenómeno

El síndrome de Estocolmo, tambien llamado síndrome de Helsinki por algunas personas, es el nombre que recibe el comportamiento evidente de la victima que se ha vinculado emocionalmente con su captor o victimario hasta el punto de preferir mantenerse a su lado que hacer frente a una nueva vida sin estar sometida al mismo o bien mostrarse decepcionado o desorientado una vez que el riesgo ha desaparecido y con él sus responsables.


Este síndrome es utilizado principalmente en el campo de la psicología clínica y en el estudio de comportamiento de equipos y grupos expuestos a situaciones de plagio u hostigamiento, en donde ha sido posible observar ese tipo de enlace victima-victimario y pueden leerse casos asociados al mismo cuando se trata de rehenes, practicantes de un culto, abuso psicológico, prisioneros de guerra, tráfico de meretrices, e incesto, como se expone en la referencia que hace Wikipedia al consultarse este fenómeno.

Pero ¿puede ser rastreado hasta las empresas? Lamentablemente la respuesta es sí.

El síndrome de Estocolmo Laboral, como lo he denominado, es una variación sutil de su predecesor clínico y, aunque posee características particulares, se encuentra estrechamente vinculado a los sucesos que originaron su nombre.

El síndrome de Estocolmo Laboral no es otra cosa que la conducta de apego, identificación e incluso vinculación psico-emocional del individuo o grupo de éstos a empresas cuyas condiciones de trabajo y/o estilos gerenciales son hostiles, inadecuadas e incluso reprochables.

En Síndrome de Estocolmo Laboral se diferencia del clínico porque “la victima” no ha sido forzada o sometida a cautiverio por un tercero, entre otras expresiones asociadas a éste, por el contrario ha ingresado por su entera voluntad y se mantiene atada a ese escenario ya sea porque es incapaz de concebir su vida sin las presiones, maltratos y limitaciones que encuentra en él o bien porque es absorbida por una cantidad, a veces inverosímiles, de razones que le impiden deshacerse del mismo, independientemente de que en ambos casos observan ventajas dentro del escenario que coinciden con sus expectativas.

En los estudios llevados a cabo para establecer la existencia de colaboradores que mostraran este síndrome en el ambiente laboral, en las empresas donde se presumía este tipo de fenómeno, se logró constatar que en el 67% de los casos los empleados preferían mantenerse trabajando en la empresa independientemente que entendían que estaban siendo maltratados de alguna manera por el estilo gerencial y las condiciones propias del ambiente de trabajo.

Esto quiere decir que existen colaboradores que se han identificado emocionalmente con empresas que ofrecen condiciones inadecuadas de trabajo, maltrato psicológico (e incluso físico) y situaciones de estrés producto de una presión innecesaria que, estando prácticamente en un cautiverio voluntario, prefieren mantener ese estado de angustia y opresión que abandonar el escenario que la causa.

Entre las razones que arguyen pueden destacarse las siguientes:

  • Como conocen al jefe saben como manejar la situación
  • Hay pocas posibilidades de encontrar otro empleo en la actualidad
  • Con el tiempo uno se acostumbra
  • Es el estilo de la empresa
  • No hay otras opciones
  • Mejor esto que nada
  • Me gusta lo que hago, no la empresa.

El síndrome de Estocolmo Laboral es un fenómeno más común de lo que parece, se observa en personas de todo tipo, nivel de educación, diferentes edades y niveles de maduración, por lo general está asociado a baja autoestima pero su característica más extraordinaria es la identificación con un estilo gerencial que pone en riesgo su salud física, mental y emocional.

Félix Socorro

APRENDER A DIVERTIRSE

Vestidos con nuestro traje de adultos perdemos la capacidad que teníamos de aprender jugando.
Los mayores pensamos que todo se puede comprar, incluso la diversión, y a menudo nos olvidamos de que las mejores cosas de la vida son gratis. Divertirse es más que entretenerse; es saber dejar de lado las preocupaciones y encontrar la magia de las cosas cotidianas. Reír y pasarlo bien es una actitud sana que todos podemos adoptar.

Si aspiramos a gozar de una mente sana, en el sentido más amplio del término, así como a estar satisfechos en el trabajo, mantener buenas relaciones con los demás, conocernos a fondo y gozar de buena conciencia, tenemos que aprender a divertirnos.

Como adultos, con las responsabilidades que nos abruman, podemos llegar a olvidarnos de la importancia que tiene para nuestra salud mentar pasarlo bien. Pero si pensamos en las personas más sanas que conocemos, veremos que suelen ser también las que se ríen más a menudo y las que disfrutan más de la vida.

Existen evidencias de que las personas excéntricas tienden a ser más saludables, más felices y más longevas. Su excentricidad tiene que ver con la facilidad con que gozan de la vida, solos o acompañados, pero de manera un tanto fuera de lo común. Y es que, bien pensado, puede que la idea convencional que tenemos de la diversión no sea la que más nos convenga.

DESPRENDERSE DE LO SOLEMNE

Por absurdo que parezca, muchas personas se sorprenden durante su tiempo libre preguntándose si se están divirtiendo o no, una pregunta que subraya la complejidad del concepto diversión. ¿Qué es, entonces, la diversión? Significa dejarnos ir, desprendernos de las preocupaciones, de los agobios y de los pensamientos acerca de la responsabilidad. Esto es precisamente lo que hacemos cuando nos divertimos. Disfrutar es, por lo tanto, una actitud y no algo que podamos comprar.

La palabra diversión proviene del vocablo latino divertere, que significa alejar, es decir, distraer la atención hacía otra cosa. Pero no se trata de poner la mente en blanco, sino de apartar la atención hacia lo cotidiano para centrarla en un objeto o en una actividad apetecible, incluso creativa. Si el objeto nos resulta carente de interés, tenderemos a abandonarlo. Es el disfrute en sí lo que nos indica si la actividad merece la pena. Así pues, la diversión nos demuestra dónde radica la satisfacción.

Las personas que están enganchadas a los videojuegos, por ejemplo, asegurarán que esta actividad es divertida. No obstante, si seguimos preguntando, seguramente acabarán, por admitir que se trata de un tipo de diversión poco gratificante que, en última instancia, puede resultar vacua, pues no brinda grandes satisfacciones.

En cambio, cuando disfrutamos realmente con una película, cuando leemos un buen libro, realizamos una caminata placentera, escuchamos o bailamos al ritmo de una música excelente…,entonces, nos sentimos más plenos y satisfechos.

JUEGOS DE NIÑOS

Nuestra sociedad suele etiquetar a los niños distraídos diciendo que son así porque “sufren déficit de atención, son hiperactivos o tienen algún trastorno psicológico”. Pero, ¿por qué no pensar que simplemente están buscando una diversión genuina en su actividad y saltan de una cosa a otra hasta que la encuentran? Cuando lo hacen, son capaces de pasarse mucho tiempo ocupados, interesados y, por cierto, muy concentrados. De hecho, podemos aprender mucho observándolos. Los niños inventan maneras de divertirse y, al mismo tiempo, van aprendiendo constantemente sobre el mundo que les rodea. Están más cerca que nosotros de la naturaleza divina del juego, que es el entretenimiento más puro, la libertad de expresión y de acción sin ningún objetivo, un verdadero fin en sí mismo. No olvidemos que, en muchos mitos, hasta los dioses juegan.

DIVERTIRSE DE VERDAD

Cuando nos hacemos adultos, sin embargo, no solemos tener en cuenta el juego. Por otra parte, tampoco podemos considerar que ciertos lugares que están destinados al ocio sean verdaderos centros de diversión; simplemente, no ofrecen la libertad y la fantasía del verdadero juego. Muchos de nuestros entretenimientos son demasiado pasivos, no estimulan nuestras capacidades y, a menudo, carecen de alegría.

Hace años en clase de yoga, haciendo los ejercicios junto a mis compañeros de clase, pensé que todos estábamos esencialmente jugando. Esa era una manera de divertirnos  a pesar de ser personas adultas. Cuando se lo comenté a mis compañeros, todos estuvieron de acuerdo.

Así pues, tanto para niños como para adultos, parece que la diversión está relacionada con el cuerpo, con aprender, explorar y ampliar la conciencia…Y, para ello, a menudo se requieren compañeros de juego. Quizás este último ingrediente –el placer y el entusiasmo compartidos- es lo que añade magia al juego. Por suerte, lo podemos encontrar en cualquier momento de nuestra vida, incluso de mayores.

LOS OBSTÁCULOS DEL DISFRUTE

Podemos preguntarnos: ¿Me permito pasármelo bien? ¿Cuándo fue la última vez que realmente me divertí?¿Podría tener una vida más divertida? Las respuestas a estas preguntas suelen desvelar obstáculos en nuestra capacidad para divertirnos.

Hay muchas personas que,  sencillamente, no saben cómo hacerlo.  Tal vez nunca hayan jugado realmente, o puede que hayan perdido la conexión con aquel espíritu de su infancia y ahora no sepan cómo retomarlo. Pero siempre podemos recuperar nuestra capacidad infantil de diversión, porque se trata de un atributo innato,

Los primeros obstáculos que podemos  encontrarnos son las preocupaciones,  la  responsabilidad, la vergüenza, la  timidez, el resentimiento…Para poder  disfrutar, tenemos que desprendernos  de todo ese peso; si no podemos dejarlo  para siempre, al menos debemos  intentarlo cada cierto tiempo.

Otra gran traba que podemos  encontrarnos para disfrutar tiene que ver con los roles, el hecho de guardar las apariencias para que los demás no cambien su visión de nosotros.

Y, por último, cabe destacar la imposibilidad que tienen muchas personas de divertirse solas. Son personas que, o bien durante su infancia siempre tuvieron compañeros de juego, o, por el contrario, hubieron de jugar solas y deseaban compañía.

En cualquier caso, solos o acompañados, la diversión es una actitud, un estado mental, y no un bien de consumo. Podemos crear nuestra propia diversión interesándonos por todo lo que hacemos. De la misma manera que los pasatiempos tradicionales se pueden tomar aburridos si los vivimos con un sentimiento de obligatoriedad, el trabajo puede resultar divertido si sabemos poner en él todo el entusiasmo y atendemos cada detalle.

VIVIR CON IMAGINACIÓN

Hay que tener una mente creativa para descubrir el placer en las cosas sencillas: percibir la belleza en lo cotidiano; el humor, en lo extraordinario, y las sutilezas, en los seres humanos. Pero no se necesitan unas dotes especiales para desarrollar este tipo de imaginación: solo se requiere estar alertas e interesados por lo que pasa alrededor.

Cuando le preguntaron al actor estadounidense Robin Williams adónde iba en busca de inspiración para sus ideas cómicas, contestó con franqueza “No voy a ningún lugar especial. Lo único que hago es mirar a mi alrededor cuando voy en el metro”.

Las enormes cifras que se invierten en ocio demuestran la necesidad que tienen los seres humanos de divertirse. No obstante, las mejores cosas de la vida son gratuitas. Queremos ver recompensado nuestro esfuerzo en la vida económicamente, y también buscamos divertirnos y vivir alegremente. Pero no deja de ser una ironía que tengamos que gastar el dinero que ganamos en diversión. Es una compensación demasiado cara; por eso, es importante no gastar nuestros ingresos en diversiones varias.

El ocio organizado no presenta riesgos, pero se olvida con facilidad. ¿Recuerdas con emoción estar tumbado al lado de una piscina, o una visita a toda prisa por cinco museos en una ciudad en la que estuviste solo un día? Ese tipo de diversiones en serie carecen de espontaneidad. Por el contrario ¿a que todavía recuerdas como si fuera ayer aquella excursión que hiciste años atrás con tus mejores amigos, o aquella puesta de sol que contemplaste en la playa con tu pareja; o cuando descubriste a esa persona que tenía tus mismos gustos musicales, literarios o cinematográficos, y con la que te pasaste horas y horas charlando?.

DEJARSE LLEVAR POR LA ESPONTANEIDAD

La verdadera diversión es espontánea, Y es raro que, en el ocio organizado, quepa la espontaneidad –como cuando vas a una fiesta y, a medianoche, la gente decide irse a caminar por la playa; o cuando en un viaje turístico te dejan solo para que visites un pueblo por tu cuenta y luego te pasan a recoger.

Hemos observado con mucha satisfacción que varios amigos y conocidos, al llegar a la madurez, se han apartado de su vida profesional y de sus actividades habituales para dedicarse a aquello que les apasionaba realmente. Nuestro dentista, sin ir más lejos, cultiva aceitunas y elabora aceite. Un pensionista de setenta años jubilado como ebanista y taxista, se ha hecho lutier por vocación…Todos ellos nos han contado lo mucho que disfrutan y con cuánto placer se dedican a sus nuevas actividades. No necesitan el ocio organizado: ellos se lo buscan por su cuenta.

Para acabar recordaremos una frase del genial actor cómico Groucho Marx: “He pasado una noche maravillosa…, pero no ha sido esta”. Ahora te pedimos que recuerdes una ocasión en la que te hubiera gustado decir esta misma frase. ¿Qué estabas haciendo? ¿Qué hubieses preferido estar haciendo? ¿Qué soñaste hacer y no te lo permitiste? Después de responderte, solo tienes que pensar que realizar tus sueños es posible.

Rita González

Executive Coach

No llevarse trabajo a casa

Saber dar por acabada la jornada laboral no sólo mejora nuestra vida personal y privada; también incrementa nuestra producción y la satisfacción laboral.

Llevarse tareas a casa agudiza la sensación de estrés y dinamita el ambiente familiar. Os presento algunos consejos para hallar el equilibrio entre la vida laboral y privada:

  • Establecer límites horarios. Es importante fijar y respetar el horario de trabajo, no alargarlo. En el caso de que nos veamos obligados a dedicar más tiempo del que dicha jornada laboral nos corresponde, conviene establecer también el límite de tiempo de trabajo extra que estamos dispuestos a realizar.
  • Separar espacios. Acostumbrate a realizar las tareas sólo en el puesto de trabajo. En el caso de que trabajes en casa, restringe el espacio profesional a un despacho y no permitas que los asuntos pendientes salgan de él para aterrizar en el salón o en el dormitorio.
  • Cambiar de ropa. Considera la posibilidad de tener un atuendo formal para las horas de trabajo y otro más cómodo para el tiempo libre, ya que el cuerpo identifica el cambio de ropa con las fases de obligación y las de descanso.
Rita González
Executive Coach

¿PIENSAS DEMASIADO? Cuando la mente no te deja vivir en paz

Liberarse del pensamiento excesivo.

 Cuando pensamos demasiado, cualquier pequeña preocupación puede convertirse en un tormento. Le damos vueltas y vueltas a los asuntos y, en vez de solucionarlos, entramos en una espiral negativa que no nos deja actuar ni disfrutar de lo que sí funciona en nuestra vida. Pero se trata sólo de un hábito, y cambiarlo es cuestión de actitud.

 “¿Cómo puede haberme dicho eso?”, “Qué habrá querido decir exactamente?”, “¿Cómo debo reaccionar?”, se pregunta Laura una y otra vez, tras haber tenido una discusión con una de sus mejores amigas.

Se trataba de un conflicto insignificante sobre quién debía hacer qué tramites en la organización de sus próximas vacaciones. La amiga de Laura, fiel a su estilo directo, había perdido la paciencia reprochándole con aspereza su falta de iniciativa. “¡No sé por qué voy contigo de viaje!  Hay que dártelo todo hecho”. Ahí acabó la discusión, aunque para Laura fue el comienzo de una hiperactividad mental típica en ella.

Es normal sentirse mal tras una riña, pero otra cosa es lo que le sucede a nuestra protagonista. Aquel día –y el siguiente- se fue a dormir exhausta por el esfuerzo mental realizado. Dos días completos dándole vueltas al tema, repasando una y otra vez los pensamientos y sentimientos negativos, examinándolos, cuestionándolos, amasándolos como si fuesen una pasta.

Es lo que yo llamo “pensar de más”. Cuando piensas demasiado, un pequeño problema –como un conflicto reciente con una amiga, como en el caso de Laura– se puede convertir en una auténtica espiral obsesiva, un diálogo interno desagradable e improductivo que no puedes detener.

ENREDOS MENTALES

 Al principio es posible que encontremos respuestas rápidas a la situación que nos preocupa como “Estaba de un humor de perros”, “Actúa así con todo el mundo”, “Se va a enterar” o “Le voy a cantar las cuarenta”, pero cuando pensamos de más, estas preguntas no hacen más que llevarnos a otras preguntas “¿Es correcto que me haya enfadado tanto?”, ¿Y si no soy capaz de plantarle cara?”, “¿Qué pensará de mí?”.

Nuestros pensamientos negativos se expanden, crecen y empiezan a ocupar todo el espacio mental circundante.

 Muchas veces, el pensamiento excesivo se centra en un acontecimiento específico de nuestra vida, pero luego se extiende a otras circunstancias o situaciones y a las grandes preguntas que te haces sobre ti mismo. Y con el tiempo se vuelve cada vez más negativo. Laura acabó diciéndose a sí misma: “Si no puedo gestionar conflictos como este, ¿cómo voy a poder ocupar un puesto directivo en la empresa?”, “Siempre dejo que me pasen por encima. Estoy harta, pero no tengo la fuerza necesaria para evitarlo”, “Mis padres nunca me enseñaron a controlar la rabia y es que ellos tampoco la controlaban”.

PREOCUPACIONES POCO REALISTAS

 Pensar de más no es lo mismo que “pensar en profundidad”. Cuando hablo a la gente sobre el concepto de “pensar de más”, a menudo me dicen: “¿No es bueno estar en contacto con tus emociones y encontrar la raíz de los problemas?”, “¿No te parece que los que no dan vueltas a las cosas no se enfrentan a sus problemas?.

Pero lo cierto es que pensar demasiado no supone necesariamente encontrar una vía de solución hacia nuestras preocupaciones más reales y profundas. En realidad, en vez de darnos un punto de mira privilegiado, nos hace usar una lente que muestra una imagen distorsionada y fatalista en nuestro mundo. En vez de ver la pura realidad de nuestro pasado y nuestro presente, sólo vemos lo que nuestro estado de ánimo quiere que veamos: los aspectos negativos de nuestra situación actual y lo que podría ir mal en el futuro.

 UN HÁBITO MUY PERJUDICIAL

 Pensar en exceso no sólo no ayuda, sino que también puede tener consecuencias muy negativas sobre la persona que lo padece. Durante los últimos 20 años he tenido la oportunidad de conocer a cientos de personas con este tipo de actividad mental e invariablemente sus vidas se veían muy perjudicadas por ello.

A nivel personal, la vida les resulta más difícil. Las tensiones les parecen mayores, les es más difícil encontrar buenas soluciones a los problemas y tienen más probabilidades de reaccionar mal ante el estrés.

La obsesividad también afecta a las relaciones. Los allegados pueden sentirse molestos por la constante rumiación e incluso optar por romper el vínculo. A la persona que piensa demasiado le cuesta saber qué hacer para mejorar sus relaciones. Pensar de más puede incluso contribuir a fomentar trastornos mentales, como depresión, síndromes de ansiedad o alcoholismo.

ESPECIALISTAS EN COMPLICARSE

 A través de mis observaciones he conseguido aislar tres formas de pensamiento excesivo. Algunas personas se especializan en un tipo concreto, pero muchos de nosotros experimentamos, de vez en cuando, los tres.

“Al final no me han subido el sueldo. No me lo puedo creer. Llevo cinco años en el mismo puesto, resolviendo todos los temas de la empresa y nadie me valora. Tendría que enviarlos al cuerno. Si les digo que me voy, se van a quedar petrificados. Pero se lo merecen porque son unos desalmados egoístas” Este monólogo interior corresponde a un estilo de pensamiento excesivo que podríamos llamar “de sermón”. Es el más habitual y se suele basar en algo malo que consideramos que nos han hecho. Los sermones suelen adoptar un aire de orgullo herido y tienen como objetivo aplicar un correctivo a aquellos que nos han tratado mal.

Puede que tengamos razón, que las personas que nos han perjudicado estuvieran equivocadas, pero el pensamiento excesivo en forma de sermón tiende a pintar a los demás como tipos desalmados sin considerar la otra versión de la historia. Estas ideas falsean la realidad complicando la solución de cualquier problema que tengamos, lo cual produce a su vez un aumento de la espiral del pensamiento excesivo.

También hay personas que tienden a un pensamiento excesivo que podríamos denominar “generador de realidades”. Se trata de un pensamiento que empieza de forma inocente, al notar que nos sentimos abatidos o al valorar un acontecimiento reciente. Luego empezamos a barajar posibles causas que justifiquen nuestra percepción de esos hechos. La siguiente cadena de pensamiento ilustra este estilo de rumiación: “A lo mejor estoy deprimida porque no tengo amigos. O a lo mejor es porque no he perdido nada de peso este mes. O quizá sea por todas esas catástrofes que me pasaron en el pasado. A lo mejor estoy enfadada porque en el trabajo me siguen pisoteando. O porque mi madre me sigue haciendo observaciones maliciosas. O porque mi vida no sigue la trayectoria que yo querría”. Este estilo de pensamiento provoca que veamos problemas que realmente no existen o que, en cualquier caso, no son tan exagerados como en ese momento creemos.

Otro tipo de pensamiento obsesivo es el “de confusión”, que se produce cuando no trazamos una línea recta de un problema a otro, sino que nos llegan a la mente todo tipo de preocupaciones al mismo tiempo, muchas de ellas no relacionadas con las demás. Una de mis pacientes decía “No soporto la presión del trabajo; me sobrepasa. Estoy trabajando fatal y me merezco el despido. Para empeorar las cosas Miguel tiene que irse de viaje por trabajo otra vez la semana que viene. Cada dos por tres tiene un viaje de trabajo y me deja aquí sola con los niños. Le preocupa más su trabajo que la familia. Pero no se lo puedo decir porque, en realidad, lo que me da miedo es que ya no me quiera. Estoy hecha un lio. Estoy hecha un lio terrible y no sé qué hacer”.

El pensamiento excesivo confuso puede resultar especialmente paralizante porque no podemos identificar claramente qué es lo que sentimos o pensamos: estamos abrumados con sentimientos y pensamientos que nos desorientan y, en muchos casos, nos llevan a rendirnos o huir.

¿CÓMO SE DICE “BASTA”?

Liberarse del hábito de pensar demasiado es absolutamente necesario si queremos evitar que esas reflexiones malsanas nos arrastren al fondo del pantano emocional y acaben por asfixiar nuestro espíritu. El primer paso es darse cuenta de que el pensamiento excesivo no nos ayuda en nada. Cuando estamos inmersos en el pensamiento exagerado, solemos tener la sensación de que hemos dado con algo realmente importante en nuestra vida: “Me he quitado las gafas de cristales de color de rosa” o “Por fin me estoy enfrentando a lo desastrosa que es mi vida en realidad”.

Pero, ¿es cierto que, en esos momentos, poseemos una percepción adecuada? No; al contrario. Pensar demasiado reduce nuestra visión de modo que sólo somos capaces de ver las cosas negativas de nuestra vida. El pensamiento excesivo hace que todo parezca sombrío, gris y abrumador. En esos momentos de obsesividad, creemos que tenemos motivos profundos para estar furiosos y deprimidos, irritados y tristes. Pero es precisamente el pensar de más lo que ha activado esos sentimientos hasta que se convierten en un enorme fuego que escapa completamente a nuestro control.

Por todo ello, es preciso que cuando caigamos en un episodio de obsesividad, intentemos algo tan banal como decirnos a nosotros mismos: “Pensamiento excesivo, me haces daño- ¡Vete!”. Una vez tengamos claro que no debemos dejarnos seducir por este tipo de pensamiento y aprendamos a detener su progreso lo antes posible podremos desterrarlo por completo para solucionar de forma activa los problemas.

VER LA VIDA TAL COMO ES

 El pensamiento excesivo es un hábito que nos hace sentir más ansiedad, perjudica nuestras relaciones y nos incapacita para resolver los problemas. Pero, como todos los hábitos, con un poco de determinación, es posible liberarse de él para pasar a un nivel superior y conseguir la claridad de ideas y la fuerza necesarias para afrontar la vida de una manera realista.

Imagina una vida con más paz, energía y ánimo para hacer cosas. Una vida en la que los obstáculos no son más que interesantes retos a superar. Una vida llena de gratificantes proyectos…Para muchas personas ese tipo de vida es una realidad. Y, libre del lastre del pensamiento excesivo, también puede serlo para ti. Recuerda, es sólo una cuestión de hábitos, de tu decisión de decir “no” a la obsesividad y “si” a la vida.

Rita González

Executive Coach

¿Para qué sirve la tristeza?

La tristeza no es la ausencia de felicidad, sino una emoción con una función propia.

Los diferentes estados emocionales son una respuesta a señales, tanto internas como externas, que se hallan vinculadas a un perjuicio o a una gratificación. Han evolucionado de tal forma, que permiten a los seres humanos tener mayores posibilidades de supervivencia.

La tristeza se caracteriza por sentimientos de desventaja, pérdida e impotencia. Es considerada una emoción contraria a la felicidad que solemos experimentar todos y que habitualmente, no dura más que unos minutos; de modo que se distingue del estado de ánimo triste, que es capaz de persistir desde unas horas a varios meses, y de la aflicción debida a una pérdida, que puede mantenerse durante mucho tiempo. La persona que está triste suele volverse más callada y distante, menos activa.

La tristeza ha evolucionado, con el fin de que las personas hiciéramos algo respecto a las causas de dicha emoción, como puede ser realizar los cambios oportunos en nuestra actitud o en nuestro modo de vida. Uno de los rasgos básicos de la tristeza es que su manifestación constituye una petición de ayuda a los demás.

Desde un punto de vista evolutivo, la tristeza nos impulsa a recuperar los lazos de apego, por lo que es una emoción adaptativa importante. Así, la ausencia de la madre, por breve que sea, puede causar tristeza en su bebé y provocar que busque a su progenitora, lo cual favorece su supervivencia.

No debemos sentirnos culpables por sentirnos tristes, ya que forma parte de nuestra evolución como personas. La tristeza es necesaria para superar los procesos dolorosos que ocurren, inevitablemente, en nuestra vida. Sin esta emoción, quizá no seriamos capaces de discernir entre lo que no importa demasiado y lo que realmente nos resulta más valioso.

Rita González

Executive Coach

9 claves para tener empleados en ‘estado de bienestar’

El rendimiento de los colaboradores mejora cuando el trabajo no lo es todo en su vida.

 

 1.   Apoyo emocional

Problemas externos a la labor  de los trabajadores en la institución, pueden afectar su desempeño.
Por ello es recomendable incluir un departamento interno de psicología, como parte de Recursos Humanos, o contratar a un externo que dé el servicio e incluirlo como parte de las prestaciones.

Deberá ser confidencial y gratuito para los empleados y su familia directa, es decir, esposa, hijos y padres.

 

Ofrecer a los empleados apoyo psicológico como parte de sus prestaciones, puede disminuir su estrés laboral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.  Activar el cuerpo

No basta con incluir un servicio médico como parte de las prestaciones, un colaborador sano es una persona motivada  y con energía.

Involucra a los empleados en actividades físicas, ya sea a través de torneos deportivos o con actividades que ellos mismos organicen.

Esto hará que falten menos y que aumente su productividad.

Una forma de motivar a los empleados es ofrecerles algún tipo de activación física en horarios  predeterminados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3.   Acercar a la familia a la empresa

La presión, el estrés  y la poca convivencia pueden causar problemas familiares.

Es importante que los miembros de una familia estén cerca de la compañía; las reuniones o convivencias dentro del trabajo hacen que los empleados refuercen su lealtad a la empresa y se sientan apreciados.

 

Integrar a las familias de los colaboradores en convivencias de trabajo es una manera de apoyar los vínculos de los empleados con sus cónyuges, hijos y padres.

 

4. Trabajar a distancia

La posibilidad de trabajar desde su casa  o cualquier otro lugar es atractiva para aquellos que se trasladan grandes distancias o necesitan visitar clientes.

Pueden hacerlo  siempre y cuando se cumplan metas.

Algunos trabajadores son capaces de trabajar  desde casa y bajo metas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. Recompensar las metas cumplidas

Fijar objetivos por proyectos o ventas   motivará al personal a trabajar más y demostrar sus capacidades.

Si al final del proyecto se cumplieron las metas, recompensa de forma pública al empleado  para resaltar su esfuerzo y su entrega.

Esto dará satisfacción al trabajador y motivará a otro

 

No sólo se debe averiguar qué motiva al empleado; si cumple la meta fijada, se le debe reconocer y recompensar. 

6. Cuidar el espacio

Una oficina agradable, organizada y limpia ayuda al empleado a sentirse más cómodo con su entorno y, por lo tanto, con deseos de llegar a la oficina, utilizar tecnología de punta  y ser parte del crecimiento de la empresa.

Tener una oficina limpia, ordenada , acogedora y luminosa  es parte de un buen ambiente de trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7. Ofrecer prestaciones únicas

Puede ser un porcentaje de la cuota del gimnasio, un plan de carrera personalizado, la posibilidad de comprar acciones, tiempo de paternidad y hasta asesoría legal.

El objetivo es que haya algo que atraiga a las personas y las enamore de la compañía.

    Ofrecer prestaciones atractivas como la posibilidad de comprar       acciones u obtener bonos, es una buena manera de dar satisfacción a los colaboradores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 8. Integrar a los equipos de trabajo

Ya sea a través de dinámicas grupales o con actividades fuera del horario laboral, el objetivo es mejorar las relaciones  entre compañeros y crear lazos que trasciendan una responsabilidad laboral  y se convierta en una responsabilidad moral.

 

 

 

 

 

Es importante fomentar el trabajo en equipo y la cooperación entre los empleados

 

9. Conocer a los empleados

Cada persona se siente motivada por distintas cosas y hay que averiguar el tipo de empleado que se tiene para ofrecer la remuneración que lo halague más: dinero, reconocimiento ,un mejor puesto.

Trata personalmente con tus empleados, conócelos  y en base a eso motívalos.

CNN EXPANSIÓN

Rita González

Executive & Personal Coach

 

 

 

Obstáculos

 

 

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. 

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo

Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.  

Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.  

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?   

El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

autor: Jorge Bucay

 

Las metas y los sueños están ahí, pero muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos los obstáculos para no alcanzarlos.

 

¡¡Organizate!!

Imagina una fábrica grande capaz de producir todo lo que se propone, con un personal que trabaja de forma eficaz y una maquinaria moderna y de excelente calidad. Una fábrica bien organizada, que además de ser el orgullo de la compañía, no tiene problemas legales o de control de calidad pues en ella todo funciona bien.

Pero un buen día el personal empieza a llegar a diferente hora y la jornada de trabajo es distinta para cada empleado, cada quien hace lo que piensa que debe hacer, sin tomar en cuenta a los demás. Las máquinas trabajan sin descanso y no reciben el mantenimiento habitual, por lo que empiezan a estropearse. El producto que la fábrica elabora comienza a presentar deficiencias en su calidad y el tiempo de entrega se retrasa cada vez más, lo que ocasiona problemas a toda la compañía.

Ahora bien, imagina que esa fábrica eres tú, los trabajadores es tu estado emocional, las máquinas tu estado físico y la compañía, tu familia.

Al igual que una fábrica, las personas necesitan un orden para desempeñarse de forma eficiente. La combinación entre trabajadores y maquinaria es fundamental, como lo es la armonía entre el estado emocional y el físico.

Todo lo anterior puede tener una influencia importante, ya sea positiva o negativa, sobre el resto de la familia con la que se convive diariamente. Buscar establecer un orden en la vida contribuye en forma significativa a que ninguna influencia externa desestabilice física o emocionalmente a la persona.

Es imposible pensar en una buena organización sin la ayuda de una agenda u organizador, pues ni la más prodigiosa memoria tiene la capacidad de recordar tan eficientemente una cita, horarios, compromisos o teléfonos.

La agenda es una herramienta indispensable para organizarse, por lo que será necesario recordar lo siguiente:

ANOTA TODO.

Las actividades diarias, pendientes o citas, con sus respectivos horarios. Esto ayuda a ordenar las actividades para que aproveches el tiempo de una mejor manera.

Es importante anotar las actividades y pendientes por orden de importancia, y tratar de resolverlos en el menor tiempo posible, de lo contrario, se corre el riesgo de que la lista de pendientes se incremente, haciendo más complicado su cumplimiento.

¿Cuántas veces por pena a decir “no puedo”, se acepta una invitación, sabiendo que no se tiene tiempo o se tienen otras cosas más importantes que hacer? Es por ello que las personas que buscan tener un orden en su vida deben aprender a utilizar la palabra no, la cual, lejos de indicar falta de tacto, define de una mejor manera quién se es, lo que gusta y lo que no; pero sobre todo, muestra sinceridad.

RESERVA TIEMPO PARA Ti.

¿Cómo se desempeñaría un trabajador en una empresa donde no tuviera tiempo libre, días de descanso o vacaciones? Sin lugar a dudas no tan eficientemente como aquel que sí tiene tiempo para disfrutar de su familia y de sí mismo.

Si se hace una pausa en el ritmo acelerado de vida y se realiza alguna actividad que relaje, divierta, entretenga y permita el crecimiento de la persona (algún deporte, bailar, pintar, escribir, leer, estudiar), las relaciones con los demás y el propio desempeño se verá favorecido.

El tener sueños, metas y un compromiso real con uno mismo, reafirma en forma positiva la autoestima, lo cual es a su vez un buen ejemplo para los hijos.

CONCÉNTRATE EN ALGO ESPECIAL, HAZ UNA SOLA COSA A LA VEZ.

Si pretendes ayudar a tus hijos en su tarea y al mismo tiempo hablar por teléfono, es probable que descuides alguna de las dos cosas.

En cambio, enfocarse en una sola actividad a la vez permite concentrarse mejor en lo que se hace, hacerla más rápido y mejor.

DESCANSA, RESPETA LAS HORAS DE SUEÑO Y DE DESCANSO.

Así como es necesario alimentarse sanamente y ejercitarse regularmente, el descanso diario es también indispensable para conservar un buen estado de salud.

El humor, energía, claridad mental y desempeño está determinado, en gran medida, por la cantidad de descanso que se obtiene al dormir, por lo que las horas de descanso deben tener un lugar especial en la agenda.

INVOLUCRA A LA FAMILIA, INCLUYE A LOS HIJOS EN LAS DISTINTAS TAREAS DEL HOGAR.

Además de la ayuda que proporcionan, se estará apoyándolos en la formación de buenos hábitos, lo cual a su vez contribuirá a que sepan organizarse de una mejor manera en el futuro.

EMPIEZA HOY MISMO.

Es frecuente escuchar la frase: “A partir del lunes, empiezo…”, aunque en realidad se necesita para comenzar mucho más que una fecha, se requiere de una intención real y autodisciplina para llevar a cabo el propósito.

La persona persistente y tenaz que logre iniciar un cambio en su forma de organizarse, verá los resultados de su esfuerzo en un mejoramiento en su calidad de vida, en sus relaciones con los demás, pero sobre todo, tendrá la satisfacción personal de lograr todas sus metas y ser dueño de su tiempo y de sí mismo.

RECUERDA SIEMPRE: ¡¡NUNCA TE RINDAS!!

Marco Antonio Ontiveros

Manipuladores por excelencia

Por lo menos alguna vez en la vida hemos influenciado a otra persona. Sin embargo, quienes lo hacen constantemente a amigos o parejas se constituyen en seres que siempre manejan situaciones a su conveniencia.

Culpa a los demás, evade responsabilidades, cambia de opinión según la situación, siembra cizaña, se hace la víctima para que lo compadezcan, falsea los datos o expone a su conveniencia, además es egocéntrico, así es Francisco. Él no tiene reparos para conseguir sus objetivos a cualquier precio. Aunque sus amistades lo catalogan como un gran manipulador, él asegura que es un buen estratega y nada más.

Tiene miedo a fracasar pero no lo reconoce y por eso recurre a estrategias para salirse con la suya. Con él todo vale porque es manipulador y eso hace que imponga su visión ante el mundo sin importarle las opiniones o sentimientos de los demás.

Pero como Francisco hay muchos en menor o mayor medida. En la infancia estas técnicas son comunes: “si no me das un chocolate lloro”, “nadie me quiere por eso me castigan”, “voy a buscar a otros papás que me compren los juguetes que yo quiero” son algunas frases típicas que los niños usan para llamar la atención y conseguir sus propósitos.

Es que los manipuladores empiezan con este tipo de conducta por alguna carencia afectiva o emocional de la infancia. “El manipulador aprendió a usar el poder sobre el otro y el manipulado se formó de tal manera para ser querido y aceptado”, dice Gloria Hussman, terapeuta individual y familiar, quien junto con la socióloga Graciela Chiale, es autora del libro “La trampa de los manipuladores”.

A estas personas les falta confianza en ellos mismos. Aparentan una autoestima de la que carecen. Son muy inseguras. Se sienten incómodas en todo tipo de relaciones, por eso proyectan en los otros esa inseguridad y la compensan intentando hacer ver que sólo ellos son los que tienen la verdad.

Sienten temor a la evaluación social. Necesitan dar una buena imagen. La inseguridad les lleva a ser muy temerosos en sus relaciones sociales. Aunque aparenten todo lo contrario.

¿Cómo lo hacen?
El llanto, la histeria y la desvalorización son algunas formas que utilizan los manipuladores. Según el psicólogo Ernesto Quevedo, la cultura y la sociedad influye mucho al asignar roles de género. Por ejemplo, las mujeres se dejan llevar por las telenovelas o por los modelos de madre que han tenido. Generalmente tienen comportamiento de víctima frente al hombre; mientras que este se vuelve manipulador con los códigos de cultura que ha creado. Códigos como el hombre es el que manda o la mujer debe ser obediente.

Y es que la cultura de la televisión, los roles patriarcales que se transmiten de generación en generación tienen influencia en los manipuladores; por eso, recalca, la importancia de trabajar en una educación fundamentada en el respeto y sin manipulaciones.

No hay que olvidar que la manipulación es un recurso para salir de situaciones difíciles, que emplea quien es más débil o está en una posición más frágil o vulnerable.

Los más vulnerables
Aunque hay gente con más características para ser influenciadas; es decir, suelen sugestionarse con mayor facilidad, por lo tanto para que exista un manipulador debe haber alguien manipulable.

Para la psicóloga Sandra Torres Rivas las personalidades histéricas son más propensas a la manipulación afectiva. Y, cuando no está establecida la personalidad hay quienes se someten sin querer.

En una relación de pareja existe manipulación. En el caso de los hombres se caracterizan por parecer encantadores y sufridos y están acostumbrados a usar el miedo, la obligación y el sentimiento de culpa para que la pareja ceda. El hombre ve a la mujer como una marioneta en sus manos y si ella no responde a esos hilos invisibles, empiezan las amenazas. Algunos psicólogos lo conocen como el síndrome del titiritero. Para poder escapar de una persona que posee esas características, lo mejor es entender cómo funciona su manipulación, enfrentarla y tener estrategias para esa situación.

“El hecho de que se ame no implica manipulación, ni que una persona deba convertise en víctima. El problema es que si no se sabe diferenciar se somete”, asegura Torres.

Pero la manipulación no solo se encuentra en la pareja, también la hay de padres a hijos y a la inversa. Muchas veces para sentirse queridos, los progenitores dan lo que se les pide. Si por ejemplo, alguno de ellos fracasa en el trabajo, enseguida recurren a sus ahorros para mantenerlos.

También suele suceder al revés: cuando una madre es manipuladora recurre a frases como “estoy enferma y te quieres ir” o “no te vayas porque me quedo sola”; son formas manipuladoras que se emplean, sobre todo, si los hijos tienen planificado un cambio de vida.

Debilidades evidentes
Francisco, al igual que otros manipuladores, pueden haber sufrido maltratos físicos o psicológicos (sus padres no le prestaron atención o excedieron de responsabilidades).

Ellos no creen en sí mismo y por eso son inseguros, aunque aparentan cabeza fría para criticar a los demás. Se creen modelos a seguir porque necesitan dar una buena imagen para sentirse bien. Caso contrario les da complejo de inferioridad.

Cómo identificar a un manipulador

  1.  Siempre tienen la razón porque solo su punto de vista es el correcto y por eso imponen sus reglas.
  2.  Hacen creer a los demás que son perfectos y que el resto debe imitarlos.
  3.  No soporta la crítica y cuando alguien los enfrenta, niegan la evidencia.
  4.  Tienen doble discurso. Mientras dicen una cosa, sus actitudes o actos son opuestos.
  5.  Utilizan halagos, hacen regalos y dan atenciones a todos para quedar bien.
  6.  Son especialistas en hacer sentir culpa.
  7.  Si no cumple sus peticiones, les agrada maltratar psicológicamente minimizando a la persona manipulada.
  8.  El hombre manipulador amenaza a su pareja con complicarle la existencia si desea terminar la relación.
  9.  Un manipulador se vuelve dócil cuando logra su objetivo, pero esa conducta apenas dura horas o máximo un día.
  10.  Culpa a los demás en nombre del vínculo familiar, de la amistad, del amor, de la conciencia profesional.
  11.  Pone en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás; critica sin parecer que lo hace, desvaloriza y juzga.
  12.  No tiene en cuenta los derechos, las necesidades y los deseos de los demás.

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