¿PIENSAS DEMASIADO? Cuando la mente no te deja vivir en paz

Liberarse del pensamiento excesivo.

 Cuando pensamos demasiado, cualquier pequeña preocupación puede convertirse en un tormento. Le damos vueltas y vueltas a los asuntos y, en vez de solucionarlos, entramos en una espiral negativa que no nos deja actuar ni disfrutar de lo que sí funciona en nuestra vida. Pero se trata sólo de un hábito, y cambiarlo es cuestión de actitud.

 “¿Cómo puede haberme dicho eso?”, “Qué habrá querido decir exactamente?”, “¿Cómo debo reaccionar?”, se pregunta Laura una y otra vez, tras haber tenido una discusión con una de sus mejores amigas.

Se trataba de un conflicto insignificante sobre quién debía hacer qué tramites en la organización de sus próximas vacaciones. La amiga de Laura, fiel a su estilo directo, había perdido la paciencia reprochándole con aspereza su falta de iniciativa. “¡No sé por qué voy contigo de viaje!  Hay que dártelo todo hecho”. Ahí acabó la discusión, aunque para Laura fue el comienzo de una hiperactividad mental típica en ella.

Es normal sentirse mal tras una riña, pero otra cosa es lo que le sucede a nuestra protagonista. Aquel día –y el siguiente- se fue a dormir exhausta por el esfuerzo mental realizado. Dos días completos dándole vueltas al tema, repasando una y otra vez los pensamientos y sentimientos negativos, examinándolos, cuestionándolos, amasándolos como si fuesen una pasta.

Es lo que yo llamo “pensar de más”. Cuando piensas demasiado, un pequeño problema –como un conflicto reciente con una amiga, como en el caso de Laura– se puede convertir en una auténtica espiral obsesiva, un diálogo interno desagradable e improductivo que no puedes detener.

ENREDOS MENTALES

 Al principio es posible que encontremos respuestas rápidas a la situación que nos preocupa como “Estaba de un humor de perros”, “Actúa así con todo el mundo”, “Se va a enterar” o “Le voy a cantar las cuarenta”, pero cuando pensamos de más, estas preguntas no hacen más que llevarnos a otras preguntas “¿Es correcto que me haya enfadado tanto?”, ¿Y si no soy capaz de plantarle cara?”, “¿Qué pensará de mí?”.

Nuestros pensamientos negativos se expanden, crecen y empiezan a ocupar todo el espacio mental circundante.

 Muchas veces, el pensamiento excesivo se centra en un acontecimiento específico de nuestra vida, pero luego se extiende a otras circunstancias o situaciones y a las grandes preguntas que te haces sobre ti mismo. Y con el tiempo se vuelve cada vez más negativo. Laura acabó diciéndose a sí misma: “Si no puedo gestionar conflictos como este, ¿cómo voy a poder ocupar un puesto directivo en la empresa?”, “Siempre dejo que me pasen por encima. Estoy harta, pero no tengo la fuerza necesaria para evitarlo”, “Mis padres nunca me enseñaron a controlar la rabia y es que ellos tampoco la controlaban”.

PREOCUPACIONES POCO REALISTAS

 Pensar de más no es lo mismo que “pensar en profundidad”. Cuando hablo a la gente sobre el concepto de “pensar de más”, a menudo me dicen: “¿No es bueno estar en contacto con tus emociones y encontrar la raíz de los problemas?”, “¿No te parece que los que no dan vueltas a las cosas no se enfrentan a sus problemas?.

Pero lo cierto es que pensar demasiado no supone necesariamente encontrar una vía de solución hacia nuestras preocupaciones más reales y profundas. En realidad, en vez de darnos un punto de mira privilegiado, nos hace usar una lente que muestra una imagen distorsionada y fatalista en nuestro mundo. En vez de ver la pura realidad de nuestro pasado y nuestro presente, sólo vemos lo que nuestro estado de ánimo quiere que veamos: los aspectos negativos de nuestra situación actual y lo que podría ir mal en el futuro.

 UN HÁBITO MUY PERJUDICIAL

 Pensar en exceso no sólo no ayuda, sino que también puede tener consecuencias muy negativas sobre la persona que lo padece. Durante los últimos 20 años he tenido la oportunidad de conocer a cientos de personas con este tipo de actividad mental e invariablemente sus vidas se veían muy perjudicadas por ello.

A nivel personal, la vida les resulta más difícil. Las tensiones les parecen mayores, les es más difícil encontrar buenas soluciones a los problemas y tienen más probabilidades de reaccionar mal ante el estrés.

La obsesividad también afecta a las relaciones. Los allegados pueden sentirse molestos por la constante rumiación e incluso optar por romper el vínculo. A la persona que piensa demasiado le cuesta saber qué hacer para mejorar sus relaciones. Pensar de más puede incluso contribuir a fomentar trastornos mentales, como depresión, síndromes de ansiedad o alcoholismo.

ESPECIALISTAS EN COMPLICARSE

 A través de mis observaciones he conseguido aislar tres formas de pensamiento excesivo. Algunas personas se especializan en un tipo concreto, pero muchos de nosotros experimentamos, de vez en cuando, los tres.

“Al final no me han subido el sueldo. No me lo puedo creer. Llevo cinco años en el mismo puesto, resolviendo todos los temas de la empresa y nadie me valora. Tendría que enviarlos al cuerno. Si les digo que me voy, se van a quedar petrificados. Pero se lo merecen porque son unos desalmados egoístas” Este monólogo interior corresponde a un estilo de pensamiento excesivo que podríamos llamar “de sermón”. Es el más habitual y se suele basar en algo malo que consideramos que nos han hecho. Los sermones suelen adoptar un aire de orgullo herido y tienen como objetivo aplicar un correctivo a aquellos que nos han tratado mal.

Puede que tengamos razón, que las personas que nos han perjudicado estuvieran equivocadas, pero el pensamiento excesivo en forma de sermón tiende a pintar a los demás como tipos desalmados sin considerar la otra versión de la historia. Estas ideas falsean la realidad complicando la solución de cualquier problema que tengamos, lo cual produce a su vez un aumento de la espiral del pensamiento excesivo.

También hay personas que tienden a un pensamiento excesivo que podríamos denominar “generador de realidades”. Se trata de un pensamiento que empieza de forma inocente, al notar que nos sentimos abatidos o al valorar un acontecimiento reciente. Luego empezamos a barajar posibles causas que justifiquen nuestra percepción de esos hechos. La siguiente cadena de pensamiento ilustra este estilo de rumiación: “A lo mejor estoy deprimida porque no tengo amigos. O a lo mejor es porque no he perdido nada de peso este mes. O quizá sea por todas esas catástrofes que me pasaron en el pasado. A lo mejor estoy enfadada porque en el trabajo me siguen pisoteando. O porque mi madre me sigue haciendo observaciones maliciosas. O porque mi vida no sigue la trayectoria que yo querría”. Este estilo de pensamiento provoca que veamos problemas que realmente no existen o que, en cualquier caso, no son tan exagerados como en ese momento creemos.

Otro tipo de pensamiento obsesivo es el “de confusión”, que se produce cuando no trazamos una línea recta de un problema a otro, sino que nos llegan a la mente todo tipo de preocupaciones al mismo tiempo, muchas de ellas no relacionadas con las demás. Una de mis pacientes decía “No soporto la presión del trabajo; me sobrepasa. Estoy trabajando fatal y me merezco el despido. Para empeorar las cosas Miguel tiene que irse de viaje por trabajo otra vez la semana que viene. Cada dos por tres tiene un viaje de trabajo y me deja aquí sola con los niños. Le preocupa más su trabajo que la familia. Pero no se lo puedo decir porque, en realidad, lo que me da miedo es que ya no me quiera. Estoy hecha un lio. Estoy hecha un lio terrible y no sé qué hacer”.

El pensamiento excesivo confuso puede resultar especialmente paralizante porque no podemos identificar claramente qué es lo que sentimos o pensamos: estamos abrumados con sentimientos y pensamientos que nos desorientan y, en muchos casos, nos llevan a rendirnos o huir.

¿CÓMO SE DICE “BASTA”?

Liberarse del hábito de pensar demasiado es absolutamente necesario si queremos evitar que esas reflexiones malsanas nos arrastren al fondo del pantano emocional y acaben por asfixiar nuestro espíritu. El primer paso es darse cuenta de que el pensamiento excesivo no nos ayuda en nada. Cuando estamos inmersos en el pensamiento exagerado, solemos tener la sensación de que hemos dado con algo realmente importante en nuestra vida: “Me he quitado las gafas de cristales de color de rosa” o “Por fin me estoy enfrentando a lo desastrosa que es mi vida en realidad”.

Pero, ¿es cierto que, en esos momentos, poseemos una percepción adecuada? No; al contrario. Pensar demasiado reduce nuestra visión de modo que sólo somos capaces de ver las cosas negativas de nuestra vida. El pensamiento excesivo hace que todo parezca sombrío, gris y abrumador. En esos momentos de obsesividad, creemos que tenemos motivos profundos para estar furiosos y deprimidos, irritados y tristes. Pero es precisamente el pensar de más lo que ha activado esos sentimientos hasta que se convierten en un enorme fuego que escapa completamente a nuestro control.

Por todo ello, es preciso que cuando caigamos en un episodio de obsesividad, intentemos algo tan banal como decirnos a nosotros mismos: “Pensamiento excesivo, me haces daño- ¡Vete!”. Una vez tengamos claro que no debemos dejarnos seducir por este tipo de pensamiento y aprendamos a detener su progreso lo antes posible podremos desterrarlo por completo para solucionar de forma activa los problemas.

VER LA VIDA TAL COMO ES

 El pensamiento excesivo es un hábito que nos hace sentir más ansiedad, perjudica nuestras relaciones y nos incapacita para resolver los problemas. Pero, como todos los hábitos, con un poco de determinación, es posible liberarse de él para pasar a un nivel superior y conseguir la claridad de ideas y la fuerza necesarias para afrontar la vida de una manera realista.

Imagina una vida con más paz, energía y ánimo para hacer cosas. Una vida en la que los obstáculos no son más que interesantes retos a superar. Una vida llena de gratificantes proyectos…Para muchas personas ese tipo de vida es una realidad. Y, libre del lastre del pensamiento excesivo, también puede serlo para ti. Recuerda, es sólo una cuestión de hábitos, de tu decisión de decir “no” a la obsesividad y “si” a la vida.

Rita González

Executive Coach

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