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La nueva fuerza de trabajo

Las estadísticas son impresionantes, durante los próximos 20 años, más de 800 personas pasarán a la tercera edad diariamente y poco después, se jubilarán de su trabajo, si es que lo tienen. Además de implicar problemas de salud y de políticas sociales, este hecho significa un cambio en la naturaleza de la fuerza de trabajo y en la forma de administrarla. Lo anterior no es una situación particular para México, muchos países ya están enfrentando el mismo problema.

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En primer lugar existirá -de hecho ya existe-, escasez de personas preparadas para puestos clave, esto puede parecer difícil de creer ante la gran cantidad de desempleados que hay en el país sin embargo, para reemplazar a las personas que ingresan a la tercera edad y dejan su trabajo, hay muy pocas personas jóvenes preparadas disponibles. Simplemente en el área de choferes de camiones pesados, existe un gran déficit de personas preparadas para los próximos años. Los choferes que reemplazan a quienes se retiran, carecen de la experiencia, y los conocimientos requeridos y necesitan un entrenamiento minucioso para estar listos para el trabajo.

A pesar de la necesidad de expansión y crecimiento económico que experimenta Latinoamérica, algunas empresas han tenido que aplazar proyectos o aumentar la inversión en programas de formación interna y considerar incrementos en los salarios para retener a los empleados, ante la escasez de personal calificado para ocupar puestos gerenciales. La cifra de gerentes disponibles es aún muy pequeña para cubrir la demanda de las industrias.

Cuando me refiero a un cambio en la naturaleza de la fuerza de trabajo y en la forma de administrarla es por el hecho de que los nuevos trabajadores operaran de muy diferente manera que sus predecesores. Entre las demandas de los nuevos trabajadores están por ejemplo, la inmediata retroalimentación y atención, más flexibilidad en los horarios de trabajo, además prefieren vestir ropa informal para ser “ellos mismos”, valoran la naturaleza y la importancia del trabajo por encima del sueldo y las prestaciones y hoy quieren estar involucrados no solo en hacer el trabajo, sino también en participar en la planeación y la estrategia. Aunque quienes hoy están ingresando a la tercera edad también querían trabajos flexibles, encontrar significado en el trabajo, buena comunicación y ropa casual, la nueva generación los busca con más énfasis.

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Algunos estudios recientes sugieren que, por la exposición a la intensidad de los medios de comunicación y la tecnología, se ha creado una nueva fuerza de trabajo con un alcance más corto en su capacidad de atención y más superficial, con menos disposición a profundizar en los temas, pero también con un arsenal de nuevas herramientas tecnológicas que facilitan el trabajo y lo hacen más eficiente.. Los gerentes deberán tomar las medidas necesarias para saber dirigir a esta nueva fuerza de trabajo y aprovechar sus ventajas.

Para que las empresas puedan hacer frente de manera eficiente a los planes de largo plazo, deben tomar en cuenta que es imprescindible prever el retiro de algunos miembros y su eventual sustitución para que siempre se cuente con personal experimentado para llevar a cabo los planes hasta el final.

Algunas empresas con visión tienen procesos de reclutamiento de talento para preparar planes de sucesión que eviten las urgencias al momento de que alguna persona clave se retira de la organización. Si se toma en cuenta que una gran parte de la habilidad y los conocimientos de la empresa se van junto con quienes se retiran –y ya no regresan-, es preferible prepararse por anticipado para cuando se vaya el personal experto.

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Las empresas pueden tener a su disposición el mejor coaching y mentoring aprovechando el caudal de experiencia y conocimientos de quienes se retiran de la empresa por motivos de jubilación y que han pasado por las fases de ejecutores, gerentes, directores o consejeros, estando al frente de proyectos contribuyendo en su desarrollo porque tienen la capacidad para anticiparse y orientarse hacia la ejecución.

Las empresas deben crear un ambiente de trabajo en el que las nuevas generaciones puedan desarrollarse con flexibilidad, transparencia, compromiso y alegría –si, Alegría!- en su trabajo. Debemos de convertir el trabajo en un juego atractivo para que las nuevas generaciones se sientan atraídas por él y quieran quedarse y comprometer la misma alta energía que aplican en otras actividades para desarrollar con eficiencia su trabajo. En la competencia por atraer talento, lo anterior es clave para crear una organización ganadora.


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Al referirme a la nueva generación de trabajadores, mi intención es marcar las diferencias con la generación de quienes estamos ingresando a la tercera edad, sin pretender definir cuál de ellas es la mejor, nuestro reto es pertenecer a distintos grupos generacionales, respetándonos y valorándonos mutuamente. En esta inevitable ola de cambios, la nueva fuerza de trabajo está aquí y debemos estar todos listos para continuar el desarrollo empresarial.

Juan Manuel González Cerda

El humor contrarresta el estrés y alarga la vida

Así lo han resumido un grupo de expertos en el video divulgativo ‘Cerebro feliz: la risa y el sentido del humor’, elaborado por la Universidad de Navarra y presentado ayer en Madrid. “Humor y felicidad se asocian a llevarse bien con uno mismo y con el entorno. Para ello importan, sobre todo, el sentido de la vida y las relaciones con los demás. Si uno puede reírse de los impedimentos para ser feliz, es que los puede superar”, afirma la catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, Natalia López Moratalla.

Por su procesamiento lingüístico, el humor es genuinamente humano y los chistes más reídos suelen caracterizarse por utilizar juegos de palabras para crear situaciones absurdas. Además, el humor sigue estrategias cerebrales diferentes para hombres y mujeres. En general, las mujeres emplean más áreas cerebrales y, sobre todo, integran más que los varones lo emocional en los diversos procesos, incluidos los cognitivos. Para los hombres lo ilógico es suficiente para el sentido del humor. Las mujeres, sin embargo requieren que lo absurdo sea gracioso para provocar la emoción de lo divertido.

“La mayor activación cerebral en la región prefrontal en las mujeres sugiere un mayor uso de la memoria a corto plazo en el procesamiento de la coherencia, el giro mental, la abstracción verbal, la atención autodirigida y el análisis de lo relevante”, aclara Moratalla. En este sentido, Moratalla compara el proceso cerebral del humor entre hombres y mujeres con un mapa de Metro: “Aunque los puntos de partida y llegada coincidan, las mujeres emplean más estaciones e implican mayor recorrido. Tanto en ellos como en ellas captar lo absurdo hunde sus raíces en la capacidad específicamente humana del cerebro ejecutivo de almacenar, manipular y comparar elementos interdependientes”, puntualiza.

“Primero usamos áreas de la corteza cerebral para procesar palabras y darnos cuenta de que lo escuchado o leído no tiene sentido. Después, utilizamos la zona que procesa los sentimientos. Allí lo absurdo o lo gracioso genera una emoción placentera”, explica Moratalla. “Interviene para ello -continúa la catedrática- la dopamina, conocida como hormona de la felicidad, que acciona el sistema de recompensa estimulando el interruptor central, llamado núcleo accumbens. Una vez activado, ese interruptor envía señales de felicidad a la corteza prefrontal. Por último, el sistema de recompensa y placer se encarga de generar la reacción eufórica, la carcajada, desde la tercera capa del cerebro”.

El vídeo recoge investigaciones del profesor británico Richard Wiseman y su Laboratorio de la Risa, así como artículos de revistas científicas: ‘Nature Neuroscience’ y ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS), entre otras. El resumen muestra de forma esquemática qué sucede en el cerebro desde que nos cuentan un chiste hasta que nos reímos. Se enmarca dentro del proyecto de la Universidad de Navarra ‘Los secretos de tu cerebro’ que, en una veintena de vídeos, pretende analizar, resumir y comunicar qué dicen las neurociencias de vanguardia sobre el cerebro.
Madrid, diciembre 24 /2010 (Europa Press)

Rita González

Executive Coach

¡Socorro! Puede que pronto esté en tránsito profesional

En estos tiempos que corren, en los que la economía se tambalea y los trabajos han dejado de ser estables, cada vez es más frecuente encontrarse en situación de tránsito profesional. ¿Asusta, verdad?



Claro que también hay ocasiones en que somos nosotras quienes tomamos la decisión de cambiar de trabajo, emprender, o hacer temporalmente un parón laboral. Pero no por hacerlo voluntariamente resulta siempre más fácil.

Son diferentes las circunstancias que nos llevan a esta situación de tránsito profesional, y dependiendo de cada una, hay diferentes cosas que podemos hacer además de lo obvio: respirar hondo y echarle valor.

Cuando decidas cambiar de empresa

La tasa de desempleo en España está a día de hoy en un 25%. Cada día cierran empresas que no soportan la falta de ingresos debido a la situación económica, por lo que además de haber muchas personas para ocupar cada puesto de trabajo, también hay cada vez menos empresas a las que cambiarse.

A pesar de esto, sigue habiendo cierto movimiento, no es una utopía pensar en cambiar de empleo, aunque es cierto que tendemos a ser más conservadoras respecto a los cambios por miedo a la solvencia de nuestra futura empresa.

Si tienes claro que necesitas un cambio, estés en el país que estés, no permitas que la situación económica te paralice. Eso sí, comprueba la solvencia económica de la empresa que quiera contratarte antes de dar el salto. El dicho “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” está hecho para cobardes.

Cuando decidas emprender

Hay áreas donde emprender no es ninguna locura, especialmente en el sector Servicios y en el de Nuevas Tecnologías. Por ejemplo (y no es una recomendación), cada vez hay más personas mayores, por lo que cada vez necesitan más servicios: a domicilio, centros de día, ocio, residencias, etc.

En el ICO – Instituto de Crédito Oficial, dan algunos préstamos a emprendedores con ideas novedosas, aunque al presentar la solicitud exigen que vaya acompañada de un plan de viabilidad (si no quieres o no puedes pagarlo, te lo hacen gratis en tu Comunidad Autónoma). No se trata sólo de cumplir un trámite, ese plan de viabilidad te dará A TI la tranquilidad de saber que no te estás lanzando al vacío.

Sé precavida, no dejes tu trabajo actual mientras no dispongas de un buen modelo de negocio, un experto te haya dicho que tu proyecto es económicamente viable, te hayan concedido el préstamo si lo necesitas, hayas alquilado un local si vas a necesitarlo, y tengas los permisos de tu Ayuntamiento. Cuando tengas todo eso, ¡Ánimo, TÚ puedes!

Cuando hagas un parón laboral

En la vida hay circunstancias que nos hacen dejar el trabajo aunque pensemos que algún día volveremos al mundo laboral. Un familiar enfermo, el deseo de prolongar la baja maternal, la decisión de estudiar cuando no es compatible con tu horario laboral, viajar por el mundo…

Lo primero, intenta siempre pedir una excedencia. Al ser baja voluntaria no tienes derecho a cobrar prestación por desempleo, ni ellos tienen obligación de reincorporarte a su plantilla cuando se termine la excedencia, aunque sí estarán obligados a reincorporarte cuando necesiten contratar a alguien en un puesto semejante al tuyo. Al menos sabes que en algún momento podrás reincorporarte. (Según las leyes españolas, desconozco cómo es en otros países)

Si no tienes un año de contrato indefinido en la empresa, no tienes derecho a excedencia. No permitas que esto te desanime, vive este periodo disfrutando de tener otro tipo de vida, y no pensando si encontrarás empleo a tu vuelta. Una vez que la decisión está tomada, asúmela y no vivas en el miedo.

Cuando te quedes sin trabajo remunerado

Lo primero de todo, tu no “estás parada”, estás “en tránsito profesional”. La expresión “estar parado” es terrible y falsa, las connotaciones que tiene desmoralizan incluso al/la más fuerte. Piensa que tú no estás parada porque te mueves. Te mueves preparando tu curriculum, mandándolo a las ofertas de empleo, presentándote a entrevistas, pensando posibles opciones, etc.

Las emociones nos pueden cuando estamos asustados. No permitas que esto te suceda, corres el riesgo de hacerte “mala sangre”. Te pongo un ejemplo: a veces nos pasa que aunque salgamos de la empresa creyéndonos el argumento de quien nos da el finiquito, “eres la más nueva del área” o “no hay dinero para x”; al cabo de unas horas empiezas a inflar el globo y a pensar “mi jefe es una mala persona”, “en el fondo era una excusa”, “mi compañero X ha malmetido contra mí”, etc.

Es natural sentir miedo cuando te enteras de que te han despedido, es humano y muchas veces inevitable. Aunque debes reaccionar rápidamente, piensa siempre que:

  • .Tú vales lo mismo tengas trabajo o no lo tengas. Tu Autoestima no debe verse afectada.
  • .NADA es para siempre. Saldrás de esta situación, y lo harás antes si tienes una actitud proactiva.
  • .¿Crees que en 10 años recordarás estos días con el dramatismo con que lo vives hoy?

No es que quiera quitar importancia a lo que te está pasando, sé que es serio. Lo que intento transmitirte es que cuanto menos dramática sea tu visión, menos sufrirás y más despejada estarás para buscar soluciones. La proactividad es fundamental para salir de esta situación. Muévete lo más posible y cuanto antes; los empresarios no vienen a casa a ofrecernos trabajo. Y si tardas en encontrarlo no te asustes, nada detiene tanto al ser humano como el miedo.

“El fracaso consiste en no persistir, en desanimarse después de un error, en no levantarse después de caer.” THOMAS A. EDISON

Marta Morón Torres

APRENDE DE TUS PROYECCIONES

  • Cuando alguno de nuestros sentimientos, deseos o intenciones nos avergüenza o no somos capaces de explicarlo, muchas veces lo atribuimos a los demás. Estamos proyectando un problema nuestro que nos negamos a ver. Al darnos cuenta, tenemos la oportunidad de mejorar  la relación con los demás y, sobre todo, con nosotros mismos.

 

  • Las reacciones emocionales que muestras ante las circunstancias de la vida son fuentes de información sobre ti mismo. Si aprendes a observarte en ellas, podrás percibir qué parte de ti estás reconociendo en el otro.

 

Obsérvate

Cuando sientes que alguien “te hace algo”, reaccionas emocionalmente. Tu reacción indica que se trata de una proyección de algo que tú te haces a ti mismo. Te estás “re-conociendo” en alguien ante una situación determinada. Tu reacción automática reproduce un patrón aprendido que aplicas involuntariamente.

 

Describe el patrón

El siguiente paso es reconocer ese patrón en ti: siéntate y describe, con todo lujo de detalles, la actitud que te causa esa reacción emocional. Describe qué hace esa persona, cuándo lo hace, cómo se comporta contigo y, sobre todo, cómo te hace sentir a ti esa actitud. Si tu reacción es positiva significa que esa parte de ti te muestra una parte que te gusta de ti mismo de lo que no eres consciente. Tienes una virtud interna sin reconocer, algo positivo y que aprecias de ti mismo.

 

Reconócete

No se puede transformar nada que previamente no se reconoce. Tanto si la proyección es positiva como negativa, has de aceptar esa parte tuya. Lo que ves en el exterior no es más que una representación de las ideas y actitudes que albergas sobre ti y el mundo. Si es positiva, podrás buscar esa virtud que admiras en alguien y descubrirla en ti para ejercitarla conscientemente. Di es negativa, podrás descubrir que eso que no te gusta en los demás tampoco te gusta en ti, y aprender a cultivar la cualidad contraria y transformarte.

 

¿Se lo haces a los demás?

¿Los demás proyectan en ti…? Pero ¿haces tú lo mismo? ¿A quién? ¿En qué momentos? ¿Por qué? Te darás cuenta que lo que recibes del exterior es reflejo de lo que tú das. Por ejemplo ¿sueles desconfiar de quien desconfía de ti o confiar en quien confía en ti? Uno sólo es libre cuando no le afecta delante de quién está y cuando su actitud es el resultado de una elección y no de una reacción automática demasiado dependiente del entorno.

 

¿Te lo haces a ti mismo?

Todo eso que “haces” a los demás, en realidad, no es más que un reflejo de lo que “te haces” tú a ti mismo. Por ejemplo si te molesta que te critiquen, es muy posible que no sólo critiques a los demás, sino también a ti mismo y, a veces, de forma desmedida o injusta. Identifica los momentos en que haces eso contigo mismo. El cambio real está en modificar esa actitud; sólo entonces el exterior también lo reflejará. Si tú no entras en esa dinámica, no habrá de qué preocuparse, no te afectará que te critiquen o no.

 

Habla con tu proyección

En el siguiente paso, podrías contestar a las siguientes preguntas ¿qué crees que tendría que cambiar esa persona para quedar tú satisfecho? ¿Cómo crees que tendría que actuar? ¿Cómo te gustaría que te tratara? Toma bolígrafo y papel y descríbelo con todo lujo de detalles. Pero atención, no es para que se lo digas al otro, sino para que trabajes contigo. Se trata de transformar  tu propia actitud aprovechando lo que te dice la proyección.

 

Aplícate el cuento

Ya has descubierto “algo” en alguien y has reconocido que ese “algo” también está en ti. Ahora se trata de que te apliques a ti y a tu actitud el mismo cuento que le recomiendas a tu proyección. Conviértete en eso que deseas ver en los demás, emplea tu energía en cambiarte a ti y no en tratar de cambiar al otro. Tú sabes lo que te haría feliz recibir en los demás: empieza por dártelo a ti mismo. En la medida en que aprendas a transformar tu interior, irás encontrando la manera de hacer lo mismo en el exterior.

 

Rita González

Executive Coach

No llevarse trabajo a casa

Saber dar por acabada la jornada laboral no sólo mejora nuestra vida personal y privada; también incrementa nuestra producción y la satisfacción laboral.

Llevarse tareas a casa agudiza la sensación de estrés y dinamita el ambiente familiar. Os presento algunos consejos para hallar el equilibrio entre la vida laboral y privada:

  • Establecer límites horarios. Es importante fijar y respetar el horario de trabajo, no alargarlo. En el caso de que nos veamos obligados a dedicar más tiempo del que dicha jornada laboral nos corresponde, conviene establecer también el límite de tiempo de trabajo extra que estamos dispuestos a realizar.
  • Separar espacios. Acostumbrate a realizar las tareas sólo en el puesto de trabajo. En el caso de que trabajes en casa, restringe el espacio profesional a un despacho y no permitas que los asuntos pendientes salgan de él para aterrizar en el salón o en el dormitorio.
  • Cambiar de ropa. Considera la posibilidad de tener un atuendo formal para las horas de trabajo y otro más cómodo para el tiempo libre, ya que el cuerpo identifica el cambio de ropa con las fases de obligación y las de descanso.
Rita González
Executive Coach

Encontrar tu propia motivación

La autentica motivación es esa fuerza que nace de lo más profundo de nuestro corazón y nos hace avanzar en la vida. Pero, para que este desarrollo se produzca, también es necesario que la motivación vaya acompañada de nuestra dedicación y esfuerzo.

Llevar una vida más plena en estos momentos, quizás parezca complicado. Sin embargo, esto puede ser posible  si tratamos de seguir el rumbo que deseamos auténticamente. Por supuesto conlleva,  tomar decisiones y estar dispuesto a pagar el precio por hacerlo. ¿A que me refiero con pagar el precio? Todas las decisiones tienen un coste como mínimo, el de renunciar a las otras posibilidades. También tienen un coste de tiempo y de trabajo personal.

Es un error creer que lo que nos motiva debería resultar sencillo, debería “no costarnos nada”. Todo lo contrario, lo que nos motiva es aquello que nos importa lo suficiente como para aceptar que nos “cueste”, es algo a lo que estamos dispuestos a dedicar algún tiempo y esfuerzo.

Para que podamos producir algo, la motivación debe ir acompañada de un compromiso y una dedicación hacia ese camino que elegimos. Por eso, es importante que diferenciemos la motivación de las ganas.

La motivación se relaciona con un deseo, con el interés que nos despierta un proyecto a medio o largo plazo. Las ganas en cambio, tienen más que ver con el agrado o el desagrado inmediato que nos produce hacer una determinada actividad. Por eso cuando aparece el desinterés, es importante hacer el ejercicio de visualizar cuál es el objetivo más grande por el cual hemos planeado esas acciones ¿Hacia dónde quiero ir? ¿Cuál es el deseo que me moviliza?

Si no encontramos la respuesta, es probable que nos encontremos frente a una verdadera falta de motivación y sea necesario replantear de nuevo nuestro rumbo.

La falta de ganas es, en general, la expresión de que no nos sentimos dispuestos a pagar “el precio” del que hablábamos antes. Es necesario volver a poner en primer plano nuestros motivos para darnos cuenta de que lo que deseamos es suficientemente valioso.

Pienso sinceramente que todos nuestros auténticos deseos, aquellos que nacen de lo más profundamente de nuestro ser y que nos acompañan cada día, “valen la pena”.

Anímate a perseguir lo que deseas, te sorprenderás.

 

Rita González

Executive Coach

RESOLVER CONFLICTOS

Encontrar soluciones con el diálogo emocional

Los conflictos entre las personas surgen, con mucha frecuencia, de la forma que tenemos de decir las cosas.Discutimos cuando reaccionamos de manera visceral a lo que la otra persona nos está diciendo y nos empeñamos en tener razón en vez de ponernos de acuerdo. Si practicamos el diálogo emocional, podremos transformar el conflicto en una oportunidad para el aprendizaje. Las claves para conseguirlo son: hablar de nuestros sentimientos, buscar el momento apropiado, no criticar y administrar la sinceridad.

EXPRESAR SENTIMIENTOS

Los conflictos no son un problema de razones, son un problema de emociones. Las conversaciones se convierten en discusiones porque reaccionamos emocionalmente a lo que el otro dice. En este contexto, llevar muy lejos las discusiones no resuelve nada.

Sólo hay un camino para abordar los conflictos: abrir la puerta al diálogo emocional, un diálogo que supone dejar de lado el asunto y concreto sobre el que estamos discutiendo y comenzar a hablar sobre nuestros sentimientos. Porque el diálogo emocional consiste en compartir qué sentimientos despierto yo en ti cuando me comunico y qué sentimientos despiertas tú en mí.

Los conflictos son de sentimientos, y sólo compartiéndolos podemos abordar sus raíces y conseguir superarlos. El camino no es fácil. Exige cierta disciplina y ciertas reglas. Pero el resultado merece el esfuerzo:más allá de superar un determinado problema, supone una maravillosa ocasión para  el crecimiento. Los conflictos, abordados a tiempo y resueltos a través del diálogo emocional, acaban siendo grandes maestros.

¿Cómo podemos abordar el diálogo emocional? Desde el punto de vista de la comunicación, hay tres reglas fundamentales que debemos tener  muy presentes: la primera es elegir el momento adecuado; la segunda, hacer observaciones en lugar de críticas; y la tercera, saber administrar la sinceridad.

Ya que vamos a dialogar sobre sentimientos. No necesitamos justificar nuestros sentimientos o darles una explicación. Los sentimientos son siempre legítimos, sólo necesitamos estar en contacto con ellos para poder compartirlos.

Cuando en una discusión nos hemos sentido agredidos, algo se mueve en nuestro interior y activa nuestras emociones. Si dejamos salir todas estas emociones inmediatamente, reaccionaremos de forma impulsiva, soltando todo lo que nos viene a la cabeza y provocando, sin querer “pequeños estropicios” que multiplican y hacen crecer el conflicto. Son aquellas situaciones en las que acabamos diciendo cosas que nos gustaria no haber dicho.

 

ELEGIR EL MOMENTO ADECUADO

El diálogo emocional requiere encontrar el momento y el lugar adecuados para abordar el conflicto. Encontrar la solución de un conflicto. Encontrar la solución de un conflicto no siempre es inmediato. Probablemente, necesitaremos tomarnos nuestro tiempo para dejar que baje la presión emocional y resolver internamente todo lo que nos agita. Cuando lo hayamos conseguido, debemos también buscar la ocasión y el lugar para comenzar el diálogo.

Si queremos hablar de sentimientos y queremos hacerlo de forma constructiva, buscando el acercamiento y la aceptación, no podemos hacerlo con prisas, agobios o en medio de la calle y con ruidos. Escoger un lugar que nos dé serenidad ayudará mucho a todo proceso. Sólo cuando hayamos conseguido cierta paz interior y cuando creamos que es el momento y el lugar oportunos, podemos iniciar el diálogo.

Pero de la misma menera que no debemos dejarnos llevar por el primer impulso, también es muy importante no guardarse dentro las cosas de masiado tiempo. Especialmente las que nos han dolido. Ante los conflictos, no podemos hacer como si no hubiera pasado nada, cargarlos a la espalda y continuar nuestra vida. No es conveniente dejar que queden abiertos demasiado tiempo porque los conflictos no resueltos acaban por salir y, desgraciadamente, suelen hacerlo en el momento más inoportuno y, seguramente, de la peor forma.

La gestión del tiempo es, pues importante en la resolución de los conflictos. Debemos encontrar el momento oportuno, dejando pasar la primera explosión emocional, pero evitando que se nos enquiste dentro.

EVITAR LA CRÍTICA

Encontrar el momento propicio para iniciar el diálogo emocional es tan importante como que este fluya sin escollos. Cuando comunicamos nuestros sentimientos, el riesgo de bloqueos, incompresiones y pequeños encontronazos e evidente. Una clave importante para evitarlos es saber hacer observaciones oportunas y evitar la crítica.

Hay una diferencia importante entre hacer una crítica y hacer una observación. La observación se refiere a algo que “yo” siento respecto a un comportamiento tuyo. La crítica es un “juicio a ti”. Cuando alguien me levanta la voz, si digo que su tono de voz me resulta agresivo, esto es una observación. Transmito lo que siento de su comunicación conmigo como parte del diálogo emocional. Estoy descubriendo algo que puede ayudarte a acercarse a mí. Pero si le digo a esa persona que es agresiva, esto es una crítica. Se sentirá juzgada y se distanciará aún más, rompiendo probablemente el diálogo iniciado.

Cuando observamos, lo hacemos sobre comportamientos. En cambio, cuando criticamos, lo hacemos a las personas. Cada vez que, en lugar de una observación, hacemos una crítica, emitimos un juicio sobre el otro. El conflicto está servido porque mientras las observaciones ayudan, las críticas bloquean.

Podemos aprender mucho a partir de las observaciones hechas en el diálogo emocional porque nos abren los ojos a una realidad que se nos escapa. Es a través de las observaciones del otro como experimentaremos la mayor parte de nuestro crecimiento.

ADMINISTRAR LA SINCERIDAD

Tengo un amigo que cuando ledicen “tengo que decirte algo”, responde: “Si me lo tienes que decir, no lo quiero escuchar. Cuando elijas decírmelo, es probable que te escuche”.

La sinceridad es clave en el diálogo emocional. Sólo si somos capaces de comunicar de verdar lo que sentimos, podremos avanzar en el diálogo. Pero decir siempre todo lo que sentimos no es necesariamente bueno.

La sinceridad no es una virtud personal que pueda ejercerse libremente según nuestro propio criterio. La sinceridad es, en realidad, una virtud interpersonal. Cuando decimos algo o alguien, hemos de pensar cómo le afectará lo que vamos a decirle. No podemos decirlo todo a todos, sin más.

 

 

Antes de expresarnos, es necesario que percibamos en qué punto se encuentra la otra persona y que sepamos hasta dónde podemos llegar con nuestras observaciones, porque si somos “implacablemente sinceros” con alguien que no está preparado, no sólo corremos el riesgo de que no capte nuestro mensaje sino que no le estamos ayudando en absoluto, pues podemos resultar hirientes. Y así como comunicarse con sinceridad es esencial en todo proceso, hay que conocer bien los límites: no esninguna virtud herir en nombre de la sinceridad.

UN ACTO DE AMOR

Nadie puede crecer o vivir een plenitud sin sentirse plenamente aceptado al menos por una persona. No sentirse querido es la clave de la mayoría de nuestros conflictos. Amar es la solución a todos ellos.

El diálogo emocional es, en esencia, un acto de amor. Dialogamos sin saber muy bien en que punto lograremos encontrarnos, pero con la firme determinación de hacerlo. El propio diálogo emocional, bien llevado, es un acto de aceptación del otro tal y como es, con sus legítimos sentimientos. Podemos sentirnos aceptados y muy queridos a través de esta comunicación.

Si dejamos suficiente espacio en nuestras relaciones para el diálogo emocional de forma habitual –y no solo cuando tenemos un conflicto-, nos ayudaremos los unos a los otros a crecer y experimentaremos profundos cambios en nuestras relaciones y en nuestras vidas. Porque haciendo el diálogo emocional una costumbre, cerraremos la puerta al conflicto. Así, los pequeños roces diarios, las pequeñas discusiones en las que nos vemos inmersos, se convertirán en poco más que curiosas anécdotas.

Rita González

Executive Coach

 

¿PIENSAS DEMASIADO? Cuando la mente no te deja vivir en paz

Liberarse del pensamiento excesivo.

 Cuando pensamos demasiado, cualquier pequeña preocupación puede convertirse en un tormento. Le damos vueltas y vueltas a los asuntos y, en vez de solucionarlos, entramos en una espiral negativa que no nos deja actuar ni disfrutar de lo que sí funciona en nuestra vida. Pero se trata sólo de un hábito, y cambiarlo es cuestión de actitud.

 “¿Cómo puede haberme dicho eso?”, “Qué habrá querido decir exactamente?”, “¿Cómo debo reaccionar?”, se pregunta Laura una y otra vez, tras haber tenido una discusión con una de sus mejores amigas.

Se trataba de un conflicto insignificante sobre quién debía hacer qué tramites en la organización de sus próximas vacaciones. La amiga de Laura, fiel a su estilo directo, había perdido la paciencia reprochándole con aspereza su falta de iniciativa. “¡No sé por qué voy contigo de viaje!  Hay que dártelo todo hecho”. Ahí acabó la discusión, aunque para Laura fue el comienzo de una hiperactividad mental típica en ella.

Es normal sentirse mal tras una riña, pero otra cosa es lo que le sucede a nuestra protagonista. Aquel día –y el siguiente- se fue a dormir exhausta por el esfuerzo mental realizado. Dos días completos dándole vueltas al tema, repasando una y otra vez los pensamientos y sentimientos negativos, examinándolos, cuestionándolos, amasándolos como si fuesen una pasta.

Es lo que yo llamo “pensar de más”. Cuando piensas demasiado, un pequeño problema –como un conflicto reciente con una amiga, como en el caso de Laura– se puede convertir en una auténtica espiral obsesiva, un diálogo interno desagradable e improductivo que no puedes detener.

ENREDOS MENTALES

 Al principio es posible que encontremos respuestas rápidas a la situación que nos preocupa como “Estaba de un humor de perros”, “Actúa así con todo el mundo”, “Se va a enterar” o “Le voy a cantar las cuarenta”, pero cuando pensamos de más, estas preguntas no hacen más que llevarnos a otras preguntas “¿Es correcto que me haya enfadado tanto?”, ¿Y si no soy capaz de plantarle cara?”, “¿Qué pensará de mí?”.

Nuestros pensamientos negativos se expanden, crecen y empiezan a ocupar todo el espacio mental circundante.

 Muchas veces, el pensamiento excesivo se centra en un acontecimiento específico de nuestra vida, pero luego se extiende a otras circunstancias o situaciones y a las grandes preguntas que te haces sobre ti mismo. Y con el tiempo se vuelve cada vez más negativo. Laura acabó diciéndose a sí misma: “Si no puedo gestionar conflictos como este, ¿cómo voy a poder ocupar un puesto directivo en la empresa?”, “Siempre dejo que me pasen por encima. Estoy harta, pero no tengo la fuerza necesaria para evitarlo”, “Mis padres nunca me enseñaron a controlar la rabia y es que ellos tampoco la controlaban”.

PREOCUPACIONES POCO REALISTAS

 Pensar de más no es lo mismo que “pensar en profundidad”. Cuando hablo a la gente sobre el concepto de “pensar de más”, a menudo me dicen: “¿No es bueno estar en contacto con tus emociones y encontrar la raíz de los problemas?”, “¿No te parece que los que no dan vueltas a las cosas no se enfrentan a sus problemas?.

Pero lo cierto es que pensar demasiado no supone necesariamente encontrar una vía de solución hacia nuestras preocupaciones más reales y profundas. En realidad, en vez de darnos un punto de mira privilegiado, nos hace usar una lente que muestra una imagen distorsionada y fatalista en nuestro mundo. En vez de ver la pura realidad de nuestro pasado y nuestro presente, sólo vemos lo que nuestro estado de ánimo quiere que veamos: los aspectos negativos de nuestra situación actual y lo que podría ir mal en el futuro.

 UN HÁBITO MUY PERJUDICIAL

 Pensar en exceso no sólo no ayuda, sino que también puede tener consecuencias muy negativas sobre la persona que lo padece. Durante los últimos 20 años he tenido la oportunidad de conocer a cientos de personas con este tipo de actividad mental e invariablemente sus vidas se veían muy perjudicadas por ello.

A nivel personal, la vida les resulta más difícil. Las tensiones les parecen mayores, les es más difícil encontrar buenas soluciones a los problemas y tienen más probabilidades de reaccionar mal ante el estrés.

La obsesividad también afecta a las relaciones. Los allegados pueden sentirse molestos por la constante rumiación e incluso optar por romper el vínculo. A la persona que piensa demasiado le cuesta saber qué hacer para mejorar sus relaciones. Pensar de más puede incluso contribuir a fomentar trastornos mentales, como depresión, síndromes de ansiedad o alcoholismo.

ESPECIALISTAS EN COMPLICARSE

 A través de mis observaciones he conseguido aislar tres formas de pensamiento excesivo. Algunas personas se especializan en un tipo concreto, pero muchos de nosotros experimentamos, de vez en cuando, los tres.

“Al final no me han subido el sueldo. No me lo puedo creer. Llevo cinco años en el mismo puesto, resolviendo todos los temas de la empresa y nadie me valora. Tendría que enviarlos al cuerno. Si les digo que me voy, se van a quedar petrificados. Pero se lo merecen porque son unos desalmados egoístas” Este monólogo interior corresponde a un estilo de pensamiento excesivo que podríamos llamar “de sermón”. Es el más habitual y se suele basar en algo malo que consideramos que nos han hecho. Los sermones suelen adoptar un aire de orgullo herido y tienen como objetivo aplicar un correctivo a aquellos que nos han tratado mal.

Puede que tengamos razón, que las personas que nos han perjudicado estuvieran equivocadas, pero el pensamiento excesivo en forma de sermón tiende a pintar a los demás como tipos desalmados sin considerar la otra versión de la historia. Estas ideas falsean la realidad complicando la solución de cualquier problema que tengamos, lo cual produce a su vez un aumento de la espiral del pensamiento excesivo.

También hay personas que tienden a un pensamiento excesivo que podríamos denominar “generador de realidades”. Se trata de un pensamiento que empieza de forma inocente, al notar que nos sentimos abatidos o al valorar un acontecimiento reciente. Luego empezamos a barajar posibles causas que justifiquen nuestra percepción de esos hechos. La siguiente cadena de pensamiento ilustra este estilo de rumiación: “A lo mejor estoy deprimida porque no tengo amigos. O a lo mejor es porque no he perdido nada de peso este mes. O quizá sea por todas esas catástrofes que me pasaron en el pasado. A lo mejor estoy enfadada porque en el trabajo me siguen pisoteando. O porque mi madre me sigue haciendo observaciones maliciosas. O porque mi vida no sigue la trayectoria que yo querría”. Este estilo de pensamiento provoca que veamos problemas que realmente no existen o que, en cualquier caso, no son tan exagerados como en ese momento creemos.

Otro tipo de pensamiento obsesivo es el “de confusión”, que se produce cuando no trazamos una línea recta de un problema a otro, sino que nos llegan a la mente todo tipo de preocupaciones al mismo tiempo, muchas de ellas no relacionadas con las demás. Una de mis pacientes decía “No soporto la presión del trabajo; me sobrepasa. Estoy trabajando fatal y me merezco el despido. Para empeorar las cosas Miguel tiene que irse de viaje por trabajo otra vez la semana que viene. Cada dos por tres tiene un viaje de trabajo y me deja aquí sola con los niños. Le preocupa más su trabajo que la familia. Pero no se lo puedo decir porque, en realidad, lo que me da miedo es que ya no me quiera. Estoy hecha un lio. Estoy hecha un lio terrible y no sé qué hacer”.

El pensamiento excesivo confuso puede resultar especialmente paralizante porque no podemos identificar claramente qué es lo que sentimos o pensamos: estamos abrumados con sentimientos y pensamientos que nos desorientan y, en muchos casos, nos llevan a rendirnos o huir.

¿CÓMO SE DICE “BASTA”?

Liberarse del hábito de pensar demasiado es absolutamente necesario si queremos evitar que esas reflexiones malsanas nos arrastren al fondo del pantano emocional y acaben por asfixiar nuestro espíritu. El primer paso es darse cuenta de que el pensamiento excesivo no nos ayuda en nada. Cuando estamos inmersos en el pensamiento exagerado, solemos tener la sensación de que hemos dado con algo realmente importante en nuestra vida: “Me he quitado las gafas de cristales de color de rosa” o “Por fin me estoy enfrentando a lo desastrosa que es mi vida en realidad”.

Pero, ¿es cierto que, en esos momentos, poseemos una percepción adecuada? No; al contrario. Pensar demasiado reduce nuestra visión de modo que sólo somos capaces de ver las cosas negativas de nuestra vida. El pensamiento excesivo hace que todo parezca sombrío, gris y abrumador. En esos momentos de obsesividad, creemos que tenemos motivos profundos para estar furiosos y deprimidos, irritados y tristes. Pero es precisamente el pensar de más lo que ha activado esos sentimientos hasta que se convierten en un enorme fuego que escapa completamente a nuestro control.

Por todo ello, es preciso que cuando caigamos en un episodio de obsesividad, intentemos algo tan banal como decirnos a nosotros mismos: “Pensamiento excesivo, me haces daño- ¡Vete!”. Una vez tengamos claro que no debemos dejarnos seducir por este tipo de pensamiento y aprendamos a detener su progreso lo antes posible podremos desterrarlo por completo para solucionar de forma activa los problemas.

VER LA VIDA TAL COMO ES

 El pensamiento excesivo es un hábito que nos hace sentir más ansiedad, perjudica nuestras relaciones y nos incapacita para resolver los problemas. Pero, como todos los hábitos, con un poco de determinación, es posible liberarse de él para pasar a un nivel superior y conseguir la claridad de ideas y la fuerza necesarias para afrontar la vida de una manera realista.

Imagina una vida con más paz, energía y ánimo para hacer cosas. Una vida en la que los obstáculos no son más que interesantes retos a superar. Una vida llena de gratificantes proyectos…Para muchas personas ese tipo de vida es una realidad. Y, libre del lastre del pensamiento excesivo, también puede serlo para ti. Recuerda, es sólo una cuestión de hábitos, de tu decisión de decir “no” a la obsesividad y “si” a la vida.

Rita González

Executive Coach

Superar los 4 obstáculos de la desmotivación

Cuando no podemos visualizar claramente nuestros deseos o cuando no logramos obtener estímulos de ellos, nos encontramos ante un obstáculo en nuestra motivación. Esto puede convertirse en un verdadero problema a la hora de iniciar una actividad ” No tengo fuerzas para ponerme en marcha”, o bien una dificultad que nos impida o entorpezca el avance en nuestros objetivos “He perdido el interés”. Para estas dos situaciones podríamos encontrar una serie de causas bastantes frecuentes: el miedo y la confusión, en el primer caso; y el aburrimiento y la falta de resultados, en el segundo.

1 Miedo

Muchas veces, el miedo puedo disuadirnos de emprender un nuevo rumbo. Sin embargo el miedo no obedece a una falta de motivación, si no más bien a una falta de confianza en nosotros mismos. Con todo, la simple sustitución de la frase “me da mucho miedo” por “me gustaría mucho” nos devuelve muchas veces la riendas de la situación y puede funcionar para salir de la inercia y ponernos en acción. Aunque realmente lo que a mi me funciona con excelentes resultados es  el siguiente consejo que se resumen en “VIP (visión interior positiva)”.

2 Desinterés

A veces la sensación de salir de nuestra zona de confort para entrar en esa zona de aprendizaje llamada “Expansión”  nos genera cierto desinterés, porque entrar en dicha zona,  implica  siempre un trabajo, aunque sea un trabajo con el que disfrutemos. Además representa enfrentarse con la incertidumbre y el riesgo. Para evitarnos este riesgo terminamos eligiendo no querer nada, no elegir. Esta actitud  nos evita el esfuerzo pero, inevitablemente, nos conduce a una vida pobre y sin sabor. Te propongo que empieces a  utilizar esta palabra mágica “ATREVETE”.

3 Aburrimiento

¿A quién no le ha ocurrido comenzar una actividad o proyecto repleto de energía y entusiasmo y al cabo de poco tiempo, sentirse aburrido y con desgana? Lo que sucede en este caso es que, en un principio, es suficiente con la novedad y el estímulo externo para generar la motivación, pero una vez que esto ha pasado, es necesario poner algo de nuestra parte para enriquecerlo. Os recomiendo cuidar de vuestro proyecto, mimarlo, nutrirlo para que siga respondiendo a vuestros deseos y os motive.

4 Falta de resultados

Otra causa frecuente de desmotivación es la falta de obtención de resultados: “¿Para qué continuar, si no obtengo nada de ello?”. La motivación proviene de la sensación de que estamos avanzando y los pequeños logros son a veces necesarios para conseguir esa sensación. En este caso, el problema está en confundir la forma en que intentamos algo, es decir, el plan de acción, con el deseo o interés que los sustenta. Si las cosas salen mal, lo que deberíamos replantearnos quizás es el “como” pero la dirección en que queremos dirigirnos el “que” no debería depender del resultado. Siempre podemos cambiar de ruta, pero el rumbo es algo más profundo, que debe ser tratado a partir de nuestras emociones y no de las múltiples fuerzas de las que depende el éxito o el fracaso.

Te invito a reflexionar sobre estos cuatro aspectos.

 

Rita González

Executive Coach

Empleados sin sueños, empresas sin almas

Una empresa que se precie de moderna, actual, emprendedora, competitiva e incluso, de tradición, no puede concebirse así misma sin una visión que la oriente hacia el destino que ella misma se ha propuesto.

Esa visión, ese sueño lo es todo y lo representa todo. La misión depende de ella, las políticas, normas, reglas, las estrategias y tácticas, objetivos y metas orbitan a la visión con el firme propósito de hacerla real, concreta e impactante.

Sin la visión la empresa no tendría un “plan de vuelo”, un destino a donde llegar, o, al menos, donde verse “aterrizando” con tino y seguridad. No habría un “hacia dónde” ni un “para qué”, solo habría incertidumbre, azar, anarquía y desorden. La visión es el fin y a la vez es el principio. Sin ella no se puede comenzar la empresa y difícilmente sin ella no se puede terminar creando un legado. Pero, ¿es la visión únicamente vital para la empresa?

Pensar que sólo las empresas requieren de una visión es utópico. Todos y todo requiere de un punto, un destino, una cúspide que alcanzar. De un sueño… o muchos de ellos.

Es tradicional e incluso exigible que los empleados al iniciar sus labores en la empresa sepan cuál es la visión de ella, hacia a dónde se dirige, lo que espera ser y lograr; incluso se pretende que los éstos no sólo conozcan la misión, sino que la adopten como propia y se comprometan a hacerla posible durante su permanencia en la organización, pues se entiende que el esfuerzo conjunto y coordinado será crucial para el alcance de ese importante sueño, y eso está bien.

Lo que no está bien es que la empresa, entendida ésta en el concepto tradicional, se preocupe más por hacer que sus empleados o colaboradores conozcan su sueño que por conocer los que, de manera individual, cada uno de ellos tiene y también desean cumplir.

Es cierto, las empresas no han sido concebidas para que las personas, haciendo uso de ellas, materialicen sus sueños. Su sentido mercantil y capitalista está dispuesto a generar productos y servicios que a la vez, en algunos casos, agregarán valor a la sociedad y ganancias a sus accionistas y propietarios, no hay duda de ello, así debe ser.

No obstante, las empresas sí son un vehículo, un dispositivo, un instrumento que coadyuva al logro de los sueños individuales de sus empleados o colaboradores, pues de lo contrario no se estaría hablando de una empresa, en el sentido moderno del concepto, sino de una especie de esclavitud contemporánea donde el empleado, o en ese caso, el neo-esclavo, sólo debe cumplir con su tarea y nada más.

Los sueños de los empleados son tanto o más importantes que los de la empresa misma.

Si se ha entendido ya el concepto de la ‘coestima’, queda claro que los sueños son el combustible que hace posible que los motivos y propósitos de los individuos se conjuguen y engranen para darle concreción a la expectativa colectiva sin menos cabo de su propia expectativa.

Si los empleados no ven posibilidades de lograr sus sueños dentro de una organización, permanecerán en ella hasta que aparezca un sustituto, en el mejor de los casos, que le provea de esa posibilidad, haciendo uso consciente o no de la “teoría del saltamontes” y demostrando que se es fiel a algo o a alguien mientras no aparezca un sustituto que ofrezca similares condiciones con menos esfuerzo y mayores comodidades.

Así como se habla de las competencias de los individuos, su conocimiento y su experticia como parte del valor intangible de la empresa -del “capital humano”-, los sueños deben ser vistos como un elemento indispensable para mantener viva a la empresa, pues de ellos, de todos los sueños que poseen quienes la conforman, está constituida el alma de la empresa.

Uno de los errores que se han arrastrado desde la revolución industrial y hasta el presente, es que se ha“direccionado” la idea de la visión como “alma” de la empresa únicamente a su creador o ideólogo, “endiosando” la figura de éste como el visionario capaz de ver lo que nadie observó y que hizo posible la empresa exitosa y pujante que ahora se ostenta; cuando en realidad tal acción, si bien importante y significativa, no hubiese tenido lugar sin un importante número de personas que apostaron a ella y observaron la posibilidad de cumplir sus sueños materializando el sueño de otro.

Ignorar que no son las ideas, ni los conceptos, si las normas, ni la supervisión e incluso ni la comunicación que se ofrezca a las empresas lo que las hace lo que son es negar lo obvio. Son los sueños, su conexión, su intercambio y la posibilidad de concretarlos los que construyen los verdaderos emporios.

Las personas trabajan en las organizaciones porque en ella encuentran elementos que sustentan sus necesidades básicas, sociales y económicas, sí, muy cierto, pero sobre todo se mantienen en ellas porque esperan que los sueños que individualmente poseen se hagan realidad en ese escenario.

Cuando es así se prolonga la relación empleado-empresa-satisfacción, el desempeño es el esperado, el vínculo identificación-compromiso se nivela y el famoso ganar-ganar nombrado por Covey es la orden del día. Pero cuando la empresa no es un lugar ideal para que los sueños se siembren y se cosechen se presentan dos escenarios inevitables. El primero es la constante rotación de personal, precedida por bajo rendimiento y un ambiente laboralpesado. El segundo tiene que ver con un desempeño promedio, una actitud pasiva y desinteresada por parte del personal que envía un constante mensaje –usualmente ignorado- de resignación, pues, suele ocurrir, que las necesidades básicas, sociales y económicas se imponen al deseo de alcanzar los sueños con los que originalmente se contaban.

Cuando los sueños desaparecen del inventario colectivo, la empresa se transforma en un organismo con vida vegetativa, en pocas palabras, pierde el alma. Puede contar con una visión, su sueño particular, pero la ausencia de conexión de ese sueño con los que hacen posible se iguala a una ruptura del sistema límbico del cuerpo humano con el resto de los órganos, impidiendo con ello ofrecer respuestas ante los estímulos emocionales a los que se le someta, independientemente que, a simple vista, el cuerpo posee todas las partes y órganos que necesita para operar.

Las empresas donde los sueños de los empleados han sido frustrados o degradados a un tercer plano, entendiendo que el primer plano corresponde a la visión empresa y el segundo al que la unidad responsable en donde trabaja haya interpretado de ésta, son fáciles de reconocer por lo pesado del ambiente, la falta de celeridad en los procesos, el desorden físico y emocional de las áreas donde se labora y los constantes problemas que se presentan en todos los niveles y subniveles que la conforman. La ausencia de planificación o la falta de seguimiento de los planos, la baja calidad de sus productos y servicios, aún cuando se cuenten con las políticas y los mecanismos que se suponen deben garantizarla, así como la inequívoca falta de identificación y vínculos emocionales con la empresa. Es simple, la gente trabaja ahí porque no se le ha presentado otra oferta para retirarse y, tal y como ha hecho organización, ha puesto sus sueños en un peldaño distinto al principal.

Esas empresas actúan en sus mercados como “zombies organizacionales” cuya función básica es la de alimentarse (ofrecer lo que hacen y cobrar por ello) sin ofrecer valor a la sociedad, a su gente e incluso a sí misma.

Sería innecesario describir las empresas donde los empleados consiguen de manera satisfactoria ejercer sus labores y a la vez alcanzar sus sueños, ya sean personales, profesionales o familiares. Sus características saltan a la vista, pues no sólo el empleado, tanto el cliente como el proveedor, sienten un impulso casi sobrenatural de estar relacionados con ella y la exponen como ejemplo y motivo de admiración.

Los sueños de los empleados son variados, pueden ser muy simples o muy elaborados, si bien como empresa no se está obligado a hacerlos realidad, no se pierde nada ofreciendo mecanismos, facilidades, oportunidades y medios que ayuden a los empleados, colaboradores o socios a alcanzarlos.

Es sencillo, si el empleado se siente realizado y feliz, trabajará con comodidad y esmero, ello se traducirá en ventas de productos y servicios de alta calidad, lo que a su vez atraerá clientes y mantendrá cautivos a los que se poseen, eso se traduce en ganancias, permanencia y liderazgo para la empresa y todo, todo ello por servir de medio para alcanzar sueños que, a fin de cuentas, no le ha costado nada a la empresa.

Un dicho popular reza: “soñar no cuesta nada”, y es así, pero cuando dejamos de soñar lo perdemos todo, pues es precisamente los sueños, las expectativas los que propician las conductas más creativas y emotivas de los seres humanos. Si las empresas no son capaces de entender que deben administrar sabiamente los sueños de quienes la hacen posible, aprovechando el potencial energético que ellos contienen y que fungirá de verdadero combustible para mantener atento, dispuesto y feliz a los empleados; si las empresas no logran comprender esto continuarán atesorando sistemas, procesos, políticas, edificios y cuanto “materialmente” les sea posible, pero hagan lo que hagan siempre orbitarán en los mismos males que han aquejado a las organizaciones por más de cien años y que solo unas pocas han logrado superar con éxito. Poseerán todo lo que su cuerpo empresarial necesita para degustar el éxito, pero, al ignorar los sueños de sus colaboradores, se habrán condenado a vivir sin alma.

Feliz Socorro   http://www.rrhhmagazine.com/articulos.asp?id=854

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