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Lo que quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sana que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Fuente: Ángeles Caso. Magazine 19/01/2012.

Practica Gimnasia Emocional para sentirte mejor

 Tenemos un boom de balnearios, spas, terapias relajantes, masajes y es incuestionable los beneficios que aportan, pero son  efectos paliativos, que nos duran poco, al día siguiente de recibir un masaje por ejemplo volvemos a entrar en el circulo del estrés y el malestar. Ahora, con la  gimnasia emocional, se nos presenta una oportunidad de  poder entrenarnos para aprender a gestionar y manejar nuestras emociones,  poder modificar las que de alguna manera nos perjudican y desarrollar o potenciar las emociones que nos benefician.

Su funcionamiento consiste en; entrevista, plan de acción personal, entrenamiento colectivo  y objetivos en las que se disponen de  tutorías por  profesionales acreditados y cualificados.

OBJETIVOS GENERALES que se buscan de una práctica y un entrenamiento en gimnasia emocional.

  •  Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Desarrollar la habilidad de controlar las propias emociones.
  • Prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas
  • Desarrollar la habilidad para generar emociones positivas.
  • Desarrollar una mayor competencia emocional.
  • Desarrollar la habilidad de auto motivarse.
  • Aprender a fluir.
  • Desarrollar la capacidad para controlar el estrés, la ansiedad y los estados depresivos.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.

 

OBJETIVOS ESPECÍFICOS de la práctica de gimnasia emocional

  •  Tomar conciencia de los factores que inducen un estado positivo.
  • Desarrollar la tolerancia  a la frustración.
  • Desarrollar el sentido del humor
  • Potenciar la capacidad para ser feliz.

 

RESULTADOS ESPERADOS tras la práctica de gimnasia emocional.

  •  Disminución del pensamiento autodestructivo, mejora de la autoestima.
  • Mejor adaptación profesional, familiar y social.
  • Disminución de la tristeza y sintomatología depresiva.
  • Disminución de la ansiedad y el estrés.
  • Aumento de las habilidades sociales y de las relaciones interpersonales satisfactorias.
Comienza a practicar gimnasia emocional si quieres equilibrar tu mente y tu cuerpo.
Rita González
Executive and Personal Coach

Una magistral lección de Caoching en “El Discurso del Rey”

“El Discurso del Rey”, una historia que merece la pena ser analizada desde la óptica del Coaching

La película, El Discurso del Rey, trata sobre el angustioso tartamudeo del Rey de Inglaterra, Jorge VI, y en ella se pueden encontrar múltiples consejos y apreciaciones sobre el desarrollo personal, la superación, el esfuerzo y sobre todo varias técnicas de coaching aplicadas por un humilde terapeuta.
    La película, gran triunfadora de los Oscar 2011, presenta cuestiones como la frustración que puede condicionar negativamente la existencia personal y que se supera con esfuerzo,  amistad, responsabilidad y confianza.
    En realidad, las carreras profesionales están llenas de bloqueos, aprendizajes, retos, caídas, superaciones y vuelta a empezar. La película es un gran ejemplo de como se puede aprender y ejercitar la habilidad de hablar en público, superar el miedo escénico, enfrentarse a la audiencia, utilizar un micrófono y en general dominar el arte de la comunicación.
    Toda la película se convierte en una aplicación práctica del modelo coaching. Se trata de un emocionante ejemplo de cómo gestionar y trabajar en habilidades como la claridad, el consenso, el compromiso y el autocontrol. El principal objetivo es que desaparezca el tartamudeo del monarca en público y pueda vencer sus miedos de la infancia y servir a su nación en unos momentos clave para la época.
    En el film podemos ver, en diferentes momentos, dinámicas que se manifiestan en los procesos de coaching:
    • El coachee es tratado como un auténtico otro, como una persona completa, con sus historias, sus dolores, sus deseos, sus creencias y sus prácticas.
    • La etapa de acuerdos, de establecer reglas de juego.
    • La indagación de las inquietudes, los modelos mentales, el entorno.
    • La confidencialidad de las conversaciones que ocurren en la relación.
    • La toma de conciencia de la situación, de las creencias, de las historias, del contexto.
    • Las prácticas recursivas para el aprendizaje de nuevas maneras de actuar.
    • El respeto mutuo.
    • El desafío respetuoso para atravesar situaciones.
    • El reconocimiento por los logros.
    • La presencia, el estar al servicio del otro.
    • La coordinación de acciones con otros.
    • El impacto sistémico en el entorno y la posibilidad de la transformación coherente.
    • La toma de conciencia de lo obvio, el poder de la palabra, del discurso, la relación sistémica coherente de las conversaciones y las emociones, ocurriendo todo eso en la corporalidad.
    Te invito a que analices la película desde esta perspectiva y aportes tus comentarios.
    Rita González
    Executive Coach

Reinterpretar las rutinas que más te cuestan

Muchas veces tendemos a interpretar nuestras obligaciones cotidianas de un modo pesimista, como un sinsentido o una perdida de tiempo. Con el objetivo de aprender a verlas bajo un prisma más positivo, cambia el observador que eres a través de un sencillo ejercicio, tomado del “Diccionario de la Felicidad. De la A a la Z (RBA Integral):

  1. Elige una tarea rutinaria cuya realización despierte en ti sentimientos negativos (hacer las tareas domésticas, ir a la compra, hacer gestiones…)
  2. Descríbela en un papel desde dos perspectivas:
  • Obligación desagradable
  • Experiencia positiva y de la cual vas a obtener beneficios
Observarás que, reinterpretas estas actividades de un modo nuevo y positivo, podrás llevarlas a cabo con mejor humor. En definitiva es una práctica que nos enseña a fortalecer el “músculo del optimismo” y a eliminar todos aquellos pensamientos pesimistas que no limitan y nos provocan estados de insatisfacción.
Tu puedes, sólo es cuestión de intentarlo. Te animo a que lo pruebes!
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Yo puedo hacer la diferencia

Quiero compartir con todos vosotros este escrito que me parece muy hermoso.
Yo puedo hacer la diferencia
Su nombre era Mrs. Thompson. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira. Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado Teddy Stoddard.
Mrs. Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que el no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño. Teddy comenzaba a ser un tanto desagradable.
En la escuela donde Mrs. Thompson enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Teddy para el final. Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa.
La profesora de primer grado escribió:
“Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales… es un placer tenerlo cerca”.
Su profesora de segundo grado escribió:
“Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.
La profesora de tercer grado escribió:
“Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas”.
Su profesora de cuarto grado escribió:
“Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase”.
Ahora Mrs. Thompson se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos le llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Teddy.
Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que el había tomado de una bolsa de papel.
Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se colocaba un poco del perfume en su muñeca. Teddy Stoddard se quedo ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir: “Mrs. Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá”.
Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir. En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. Mrs. Thompson puso atención especial en Teddy. Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, el respondía más rápido. Para el final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase.
Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Catorce años después recibió otra nota. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Dr. Theodore F. Stoddard.
La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Teddy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a Mrs. Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto Mrs. Thompson aceptó. Ella llegó usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Teddy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído, “Gracias Mrs. Thompson por creer en mi. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia”.
Mrs. Thompson tomó aire y dijo, “Teddy, te equivocas, tu fuiste el que me enseñó a mi que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí”.
    Autor: Anónimo
Rita González
Executive Coach

PRACTICAR EL DIALOGO EMOCIONAL

Comunicarse de forma constructiva habitualmente es la mejor medida para prevenir conflictos. Éstas son las pautas que podemos interiorizar y utilizar.

 

 

RECONOCE TUS SENTIMIENTOS

Las conversaciones se transforman en discusiones porque se reacciona emocionalmente a lo que dice el otro. Reconocer e identificar los sentimientos que te ha despertado una discusión es el primer paso para evitar el conflicto.

 

PROMUEVE EL INTERCAMBIO

Las discusiones interminables no resuelven nada. Existe un punto de no retorno que, una vez alcanzado, dificulta enormemente reconducir la situación. Antes de llegar a ese punto, deja de discutir y empieza a hablar de lo que sientes. Comparte tus sentimientos con tu interlocutor y anímale a que comparta contigo los suyos. Habréis iniciado el camino del diálogo.

 

NO BUSQUES LA VICTORIA

En el diálogo no hay vencedores ni vencidos. El diálogo versa sobre nuestros sentimientos, que son siempre legítimos, por lo que no hay margen para la discusión. No quieras convencer a tu interlocutor a toda costa, intenta motivar el diálogo, buscar una aproximación emocional que permita retornar una conversación serena.

 

SÉ SINCERO SABIAMENTE

Valora en cada momento dónde se encuentra tu interlocutor y qué nivel de sinceridad puede recibir sin sentirse herido. Pregúntate en cada ocasión qué efecto producirá en él lo que vayas a decirle. Herir en nombre de la sinceridad es, sin duda, la manera más eficaz de mantener la distancia con los demás y perpetuar el conflicto.

RESPONDE CON SERENIDAD

No dejes que las palabras de tu interlocutor te hieran, te afecten emocionalmente y te hagan reaccionar de forma impulsiva y descontrolada. Responde serenamente sin que te dominen las emociones y exponiendo lo que consideres oportuno, dejando claro que es tu opinión personal. La reacción es el termómetro de tu inseguridad. Cuanto más seguro te sientas, menos reaccionarás y más responderás, porque te sentirás menos vulnerable a las agresiones externas.

 

EVITA LAS PROVOCACIONES

No siempre es bueno ni necesario responder a las palabras del otro. Cuando percibas que no hay ninguna intención de diálogo en tu interlocutor, es decir, cuando adviertas que se trata, pura y simplemente, de una provocación, lo mejor es ignorarla.

 

CAMBIA JUICIOS POR OBSERVACIONES

Comunicar al otro tus impresiones es muy distinto que juzgarle. A través de tus observaciones, puedes ayudarle a que descubra cosas que le han pasado inadvertidas. Con la crítica, harás que se sienta atacado y se cierre en banda, imposibilitando el diálogo.

 

OBSERVA EN PRIMERA PERSONA

Para que una observación sea de ayuda para la otra persona, tiene que referirse a lo que individualmente te sugiere a ti. Por ello, no generalices tus opiniones ni las extrapoles al resto de la gente. Hacer las observaciones en primera persona es la única forma de que estén desprovistas de toda crítica.

 

NO OLVIDES LA PARTE POSITIVA

No limites tus comentarios a lo que te despierta sentimientos negativos. Comunica también a la otra persona tus observaciones sobre todo aquello que te despierta sentimientos positivos. Vuestra relación se beneficiará mucho más de compartir lo que os une que lo que os separa.

 

MIRA A LA GENTE CON OJOS NUEVOS

Cuando regresas cada día a casa, eres distinto a cuando has salido. Todas las personas crecemos, cambiamos. Si miras a las personas que te rodean según la “etiqueta” que les colocaste en el pasado, puedes perderte su evolución. Mira a tu interlocutor como si lo estuvieras conociendo en ese momento. Tu apertura de mente abrirá las puertas del diálogo y de la relación.

Rita González

Executive Coach

Preparar un feliz regreso de vacaciones

¿Eres de aquellos a los que les cuesta volver al trabajo después de las vacaciones? ¿Te sientes desmotivado y no te apetece  ir a trabajar?

 

Para muchas personas volver al trabajo es un verdadero trauma que han de superar año tras año, pues siempre han asociado las vacaciones a la felicidad, mientras que han seguido considerando la vuelta al trabajo como una situación incómoda e incluso triste. Es lo que se ha llamado el síndrome postvacacional.

El síndrome postvacacional es un conjunto de síntomas que se producen a la vuelta de vacaciones, tales como la antipatía o la desmotivación, irritabilidad, ansiedad,  incluso, pueden llegarse a producir situaciones de insomnio.

Aproximadamente un tercio de los trabajadores experimentan este sindrome.

La psicóloga Miriam González-Pablo explica que esto sucede porque durante las vacaciones nos liberamos de las obligaciones del día a día, flexibilizamos las tareas y los horarios, y hay una resistencia a volver a la rutina tras el fin de ese periodo.

Los expertos comentan que se trata de una serie de síntomas que aparecen cuando se produce un cambio de hábitos. Ante cada nueva situación aparecen una serie de síntomas y es necesario poner en marcha mecanismos de adaptación.

Se ha hablado mucho acerca del síndrome postvacacional  y su derivación en una depresión. Sin embargo no es así, los expertos comentan que no existe como enfermedad, solo se trata de un periodo de adaptación que se supera en unos días. De todas formas, si puede ser interesante adoptar una serie de medidas que nos puedan ayudar a recargar las pilas y hacer más soportable la vuelta al trabajo:

  • Dedica el tiempo de vacaciones a mantenerte  activo y hacer  aquellas cosas que te producen mayor satisfacción.
  • Procura regresar de vacaciones dos o tres días antes de tu reincorporación al trabajo para ir adaptándote.
  • Regula tu reloj biológico (sueño, comidas…) durante los últimos días de vacaciones para acomodarte al horario laboral.
  • Fija tu vuelta a final de semana en lugar de un lunes. Con menos días por delante, la sensación de agobio sera menor.
  • Aprovecha al máximo los fines de semana y puentes para hacer todo aquello que más te guste y planifica los días laborables con alguna actividad de ocio. Así la diferencia entre trabajo y vacaciones no será tan brusca.
  • Lo más importante: adoptar una actitud positiva ante la vida. Ayuda mucho a una mejor adaptación a los cambios.

Aprovecha tu regreso para compartir con los demás tus vivencias y experiencias, te sentirás mejor.

 

 

Rita González

Executive Coach

Cómo escuchar con naturalidad

“Si desea usted conocer algo acerca de una persona, simplemente vaya y pregúntele … puede que se lo diga” George Kelly

 

 

George Kelly creía que aunque el mundo  era algo real y no un producto de nuestra imaginación, cada persona está intentando encontrarle sentido, y consiguiéndolo sólo en parte. Todos nosotros estamos constantemente construyendo nuestra propia concepción del mundo y existe una variedad infinita de teorías y percepciones. A estas teorías las podemos llamar concepciones personales, y se trata de nuestro mapa personal, es decir, nuestra forma única e individual de comprender el mundo. Bien es cierto, que tenemos puntos en común  con otros, pero sólo nos comunicamos correctamente cuando tenemos una cierta idea de su sistema de valores y del nuestro propio.

Saber escuchar con naturalidad es saber escuchar ingenuamente. Esto implica lo siguiente:

  • Creer que lo que la otra persona dice es cierto para él o ella;y
  • Dejar nuestra propia concepción del mundo es suspenso, con objeto de poder comprender la concepción personal de la otra persona.

A la mayoría de nosotros nos resulta esto muy difícil. Cuando escuchamos a otros, solemos traducir de forma interna lo que están diciendo para ver hasta qué punto se acopla o adapta a nuestras propias ideas. A veces nuestras ideas, prejuicios y supuestos interfieren de tal forma que, cuando deberíamos estar escuchando, en realidad estamos pensando “¿Por qué me está contando esto? o “Ya estamos otra vez dándonos bombo”. El resultado es que apenas escuchamos lo que se nos dice.

Para resolver este problema, puede resultar muy útil, convertirse, al menos durante un rato, en un oyente ingenuo.

Rita González

Executive Coach

Tu puedes cambiar tu vida

Es cuestión de intentarlo cada día

Dicen los expertos que podemos construir nuestra propia vida si sabemos que queremos, como lo vamos a conseguir y trabajamos en ello a diario.

El psicólogo Wayne W. Dyer, autor de múltiples libros, tal como “Piensa diferente, vive diferente”, comenta que un nuevo hábito se adquiere en 21 días.  Si además, contamos con el apoyo de amigos y familiares, todo resultará más sencillo.

Uno crece …

Imposible atravesar la vida …

sin que un trabajo salga mal hecho,
sin que una amistad cause decepción,
sin padecer algún quebranto de salud,
sin que un amor nos abandone,
sin que nadie de la familia fallezca,
sin equivocarse en un negocio

Uno crece…
Uno crece cuando no hay vacío de esperanza,
ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.
Uno crece cuando acepta la realidad y tiene
aplomo de vivirla.

Cuando acepta su destino, pero tiene la
voluntad de trabajar para cambiarlo.
Uno crece asimilando lo que deja por detrás,
construyendo lo que tiene por delante y
proyectando lo que puede ser el porvenir.

Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando
huellas, asimila experiencias… ¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas,
sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios,
cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes,
cuando cumple con su labor.

Uno crece cuando se es fuerte por carácter,
sostenido por formación, sensible por temperamento…
¡Y humano por nacimiento!..
Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas.
Recoge flores aunque tengan espinas y
marca camino aunque se levante el polvo.
Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones,
capaz de perfumarse, con residuos de flores…
¡Y de encenderse con residuos de amor…!

Uno crece ayudando a sus semejantes,
conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe.
Uno crece cuando se planta para no retroceder…
Cuando se defiende como águila para no dejar de volar…
Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella.
Entonces…

Uno Crece

 

Rita González

Executive Coach

 

 

Aprende a descarga la mochila del pasado

Avanzar en nuestra aventura  por la vida, requiere dejar de cargar con creencias, prejuicios, modelos que tanto nos pesan y que resultan ya anticuados.

En nuestra aventura por  la vida, todos llevamos un equipaje, más o menos pesado, más o menos útil, que en determinados momentos empujamos, cargamos o arrastramos, y que de alguna manera condicionan nuestra hoja de ruta  por la vida, favoreciendo o dificultando nuestro crecimiento tanto personal como profesional. Si buceamos en él, nos encontraremos con la mayoría de nuestros recuerdos, experiencias antiguas de distinta índole; unidas a emociones, vivencias, datos, ideas, juicios, aprendizajes  y sentimientos que hemos absorbido, casi sin darnos cuenta a lo largo del recorrido por la vida.

Esta carga de memoria y emociones va con nosotros a todas partes e influye en todas nuestras actividades, decisiones y relaciones. No hace coger un camino u otro, nos empuja a reaccionar de una u otra manera, nos condiciona a actuar  adecuada o inadecuadamente, ante determinadas situaciones.

Salvo que nos paremos a reflexionar, pasa inadvertido el poderoso influjo que puede tener este equipaje emocional y cognitivo sobre nosotros. En definitiva, somos poco conscientes de las lentes con las que miramos nuestra realidad, teñidas por el color de nuestro equipaje.

No se trata de deshacernos de todo nuestro equipaje, simplemente es animarnos a colocar la mochila de vez en cuando, como si de otro nuevo viaje se tratase. El ejercicio es muy sencillo;  simplemente es abrirla y, con coraje analizar su contenido, intentando ser más conscientes de lo que llevamos cargando día a día: cada idea, cada creencia, cada prejuicio, cada emoción, cada hábito. Siendo capaces de vaciar del equipaje aquellas cosas que ya no nos son útiles, esos esquemas que han quedado obsoletos, para seguir nuestra siguiente etapa con una mochila  más ligero pero más útil.

Si queremos vivir una vida más plena y  en equilibrio, es hora de poner en práctica la limpieza de nuestra mochila, aunque sólo sea para hacer hueco a las nuevas experiencias y aprendizajes.

Rita González,    Executive Coach

 

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