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¿Cómo te sitúas frente a los demás?

Responder a este test te permitirá evaluar si tu actitud en las relaciones es de inferioridad, de superioridad o si expresa una sana autoestima.

 

Haz una señal junto a la letra que corresponda a tu respuesta. Si la situación te resulta ajena o no te identificas plenamente con ninguna alternativa, señala de todas formas la opción que más se aproxime a la reacción que crees que tendrías.

 

 

1. Tienes prisa y justo cuando vas a salir de casa recibes una llamada telefónica. Alguien te pide que contestes una breve encuesta.

          A.  Le dices que los sientes. No le puedes atender en ese momento.

          B.  Aunque de mala gana, dejas que te haga las preguntas.

          C.  Le cuelgas el teléfono a ese estúpido tras esperarle un rotundo “¡no!”.

2. En un famoso y caro restaurante, te traen un plato claramente mal preparado.

B. Te da vergüenza quejarte y te callas. No es un problema muy importante.

C. Protestas agriamente, ¡Qué vergüenza que pase eso es un sitio tan prestigioso!

D. Cortésmente, le indicas al camarero que el plato está mal cocinado.

 

3. En una importante reunión, la mayoría de las opiniones son distintas a la tuya.

B. Te callas por lo vergonzoso que sería recibir críticas por parte de tantas personas.

C. ¡La llevan clara! Sabes que tienes razón y tus argumentos van a ser demoledores.

A. Dices algo así: “Aunque me parece interesante lo que decís, yo tengo otra opinión”, y

     la expones.

 

4. En tu trabajo no das abasto y tu jefe te encarga más tareas. ¿Cómo reaccionas?

D. Dando argumentos, expresas que no es posible seguir así y que hay que organizar

     las cosas de otra manera.

E. En ese momento no sabes bien qué hacer y dices algo no muy brillante. Luego, a

     toro pasado, se te ocurren cosas, pero ya es tarde. Cargas con el mochuelo.

F. ¡Ya está bien! Muy enfadado, dices que no aguantas más; o esto cambia o tomarás

    serias medidas…

 

5. En tu ocupación habitual:

A. Aunque sabes que tiene su complicación, te gusta trabajar en equipo, colaborar con

     los compañeros.

B. Prefieres hacer las cosas solo. Los otros siempre se aprovechan de ti.

C. Sabes que eres mejor que los demás y por ello te gusta controlar su labor, mandar.

 

6. Hace tiempo, un amigo te decepcionó. Hoy, ¿cómo actúas?

F. Cortas la relación con él, a ti la gente solo te la juega una vez.

D. Mantienes la relación. Todos, a veces, hacemos tonterías. Es cuestión de hablarlo y

    que lo entienda.

E. Intentas esquivar a esa persona porque, de vez en cuando, recuerdas lo que pasó y

     te sientes muy mal.

7.  Un amigo te pide que le hagas un favor que no ves justificado y que no quieres realizar

C. Con enfado le dices “¡No tienes rostro ni nada! Lo va a hacer, Rita la cantaora!.

D. Le expresas lo que piensas; “Lo siento, no lo voy a hacer porque no me apetece y no

     lo veo necesario”.

E. Le pones alguna excusa, pero si insiste acabas por no poder negarte.

 

8. Te dicen que una persona a la que tienes gran estima te ha criticado injustamente.

D. Cuando la ves, le expresas lo mal que te ha sentado su comentario.

E. No le dices nada para evitar una situación desagradable.

C. Muy enfadado, le pides explicaciones por esa estupidez.

9. Entre varias personas compráis un regalo a una amiga. Tú lo eliges y te fue  difícil conseguirlo, pero no lo menciona nadie.

A. Tú tampoco. Lo que de verdad importa es que le haya gustado mucho a ella.

F. No eres tonto. Con orgullo, recalcas varias veces tu papel especial en la compra.

E. Te callas; aunque, en el fondo, te sientes fatal, ninguneado.

 10. En medio de una discusión, tu pareja hace un fuerte comentario que te hiere mucho.

B. Das por finalizada la conversación y te retiras a rumiar tu dolor.

A. Intentas tranquilizarte y le expresas lo mal que te ha sentado, intentando afrontar con

    diálogo lo sucedido.

C. ¡Es la guerra! Le atacas con otro comentario aún más fuerte.

 

11. Pasas una mala racha en el trabajo y tu pareja ha obtenido en el suyo un éxito muy importante. ¿Cómo te sientes?

C. ¿Por qué negarlo? No puedes remediar sentir bastante rabia y envidia.

A. Predomina la alegría, aunque te hubiera gustado que te pasase a ti.

B. Te hundes pensando en lo torpe que eres. Es muy difícil que tú logres algo parecido.

 12. Cuando oyes chistes o comentarios despectivos sobre gente con problemas u opiniones racistas:

D. De una manera u otra, dices que no los compartes o que te desagrada oír cosas así.

C. No crees que eso tenga mayor importancia y, además, ¡qué le vamos a hacer, la

     vida es dura!.

E. Aunque no compartas esos juicios, te callas. No quieres destacarte y quedar mal.

 

13. ¿Tienes la sensación de que te disculpas más de lo necesario?

E. Si, en muchas ocasiones.

A. No. Cómo reconoces y te responsabilizas de tus errores, entiendes que no hace falta

    disculparse tanto.

F. ¡Por favor, más bien muchas personas deberían pedirte perdón a ti. Hay demasiado

    necio suelto!

 

14. En una fiesta, un amigo te dice que te va a presentar a alguien importante y famoso, y vas a poder hablar un rato con él.

B. ¡Qué corte! Preferirías que no pasara. No sabrías que decir.

C. Perfecto. Fardarás de ello con los conocidos y quizá puedas sacar algo de ese

     contacto. ¡No puedes dejar pasar esta oportunidad de conocer a gente de tu nivel!

A. Tiene que ser interesante hablar con alguien así. Quizá pases un buen rato.

15. ¿Te vienen frecuentemente recuerdos de torpezas que cometiste en el pasado o de situaciones que desaprovechaste?

E. Sí, muy a menudo. Y en esas ocasiones siempre te sientes fatal.

A. No es frecuente y, si pasa, te los quitas de la cabeza sin mayor problema.

F. ¡Al contrario! Los pensamientos que te asaltan tienen que ver más con las ocasiones

    en que destacaste sobre los demás o incluso cuando humillaste a un rival.

Rita González

Executive Coach


 

 

Inteligencia Emocional

Acerca de la Inteligencia emocional

Actualmente muchas empresas están impulsando y desarrollando las aptitudes emocionales de sus trabajadores, con el objeto de que éstos se sientan más motivados, responsables y autónomos durante sus labores cotidianas. Al motivar la inteligencia de las personas, estamos al mismo tiempo promoviendo su atención, memoria, aprendizaje y habilidades con el entorno. A continuación te ofrecemos más detalles de este importante tema:

 

 

Inteligencia y Emociones

Definimos la inteligencia como la capacidad que tenemos los seres humanos de guardar y asimilar información para poder aprender, reconocer y relacionarnos con los demás. Ella nos permite controlar todas las actividades que llevamos a cabo y, por ende, emitir las respuestas más adecuadas.

Solemos relacionar el significado de inteligencia con nuestras emociones, por ende, podemos decir que la inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que nos rodea por medio de nuestros sentimientos, habilidades, entusiasmo, perseverancia, empatía y agilidad mental, entre otros aspectos.

Si desarrollamos y perfeccionamos cada una de estas variables, podremos ser más eficaces y eficientes no solo con nuestros compañeros de trabajo, sino con los clientes con los usualmente mantenemos contacto.

 

Inteligencia emocional en la empresa

Al impartir cursos, seminarios grupos de conversación y charlas con expertos, la empresa puede dar a conocer y desarrollar la inteligencia emocional de sus trabajadores. Sin embargo, ¿por qué hacerlo? Detallamos algunas ventajas:

- Mejora la comunicación y las relaciones interpersonales entre los miembros de la empresa y los clientes.

- Aumenta la motivación y el liderazgo del trabajador.

- Las personas se sienten más comprometidas con sus tareas cotidianas.

- Se trabaja en un clima laboral tranquilo, donde todos se entienden y se respetan sus puntos de vista.

- Asciende la rentabilidad de la empresa.

Expertos han investigado y estudiado este fenómeno durante años. Daniel Goleman, por ejemplo, afirmó en 1999 que el éxito que tuviera una persona en el ámbito laboral estaba íntimamente relacionado con sus emociones y que, de esta manera, podía trabajar, ser más productiva y desempeñarse mejor en equipo.

Goleman sugiere programas que duren mínimo seis (6) meses, donde los participantes tienen la oportunidad de auto-observarse, de interactuar con otros, y de disfrutar de sesiones de aprendizaje. Estas actividades deben estar enmarcadas en un diagnóstico supervisado por un profesional del área. El resultado final: alcanzar altos niveles de satisfacción y efectividad.

 

Rita González

Executive & Personal Coach

Fobia social y timidez

¿Qué es una fobia social?


Una fobia social es un tipo especial de miedo. Todos tenemos miedos a cosas como las serpientes venenosas, los perros rabiosos, las infecciones, los accidentes, aunque este miedo se traduce en un comportamiento de simple cautela frente a las situaciones de peligro y además el miedo AYUDA a estar alerta en la vida cotidiana en vez de INTERFERIR en ella de forma limitante y negativa.
Hablamos de fobias cuando la intensidad con la que experimentamos el miedo frente a los distintos peligros es:

  • injustificado por la objetividad del peligro
  • inoportuno (no lo sentimos en el momento apropiado)
  • desmesurado (sentimos más de lo que deberíamos)
  • interfiere nuestra vida normal de forma innecesaria, y nos reduce nuestra capacidad de acción y goce.

Aunque algunas fobias son muy conocidas, como el miedo irracional a coger el ascensor, nadar, las ratas y cucarachas, por ejemplo, en cambio en la fobia social el miedo se centra en SITUACIONES más complejas y sorprendentes, y además altera totalmente nuestra vida ya que nos vemos obligados a vivir en sociedad (a diferencia del miedo a las serpientes que puede ser inocuo si no nos toca trabajar en un zoo)
Todos solemos experimentar incertidumbre, ansiedad e inseguridad al conocer a personas nuevas, pero una vez roto el hielo, la mayoría logra convertir esos encuentros en una experiencia agradable.
En cambio las personas con fobia social experimentan un grado de ansiedad mucho más elevado en estas situaciones.
Puede ser tanto el grado de ansiedad o vergüenza que se produzcan señales físicas delatadoras (sudor, temblor muscular y de voz, rubor, etc.) que nos hacen más vulnerables e inseguros y la situación social, en vez de convertirse en un tiempo aceptable en algo agradable se transforma en algo cada vez más desagradable, con lo que nos desanima a pasar esos malos tragos y utilizar subterfugios de evitación y control de estas penosas situaciones.
El deseo que solemos tener todos de formar parte de los grupos sociales, ser valorados y apreciados se ve gravemente disminuido, con la consiguiente baja autoestima y complejo de inferioridad.
Elementos más importantes de la fobia social:

  • Preocupación por llegar a ser el centro de atención cada vez que nos encontramos con alguien.
  • Temor a propósito de que alguien nos mire y observe lo que estamos haciendo.
  • Temor a que nos presenten.
  • Temor a propósito de comer o beber en público
  • Dificultad para manejarse en comercios y relaciones administrativas
  • Terror a dirigirse a un público o grupo de amigos
  • Aversión a realizar llamadas telefónicas y realizar gestiones
  • Dificultad para confrontarse en el trabajo o hacer reclamaciones (incluso si se tiene la razón y el derecho de hacerlo)
  • Las fiestas y reuniones son una pesadilla y el comportamiento de la persona que tiene fobia social consiste en ponerse cerca de la puerta o encargarse de discretas tareas que le permitan huir de la situación.
  • Tendencia a rehuir espacios cerrados donde hay gente
  • Sensación de que todos nos miran y nos desvalorizan
  • Temor a que nuestras intervenciones parezcan ridículas, pobres o inadecuadas. Miedo a ‘quedarnos en blanco’.

Algunas personas con fobia social tienden a beber alcohol para ganar así valor y desinhibición.
La fobia social puede ser algo que -a diferencia de la fobia a las serpientes- se nos haga presente cada vez que nos vemos obligados a ser el centro de atención, o si nuestra profesión implica estar expuestos a personas desconocidas con frecuencia (vendedores, actores, músicos, maestros, etc.)
También nos podemos ver obligados a hablar en público (en la escuela, reuniones de trabajo, amigos -cuando son un grupo grande-).
Algunas fobias sociales acentúan el miedo a tratar con el otro sexo a extremos que producen graves dificultades para conseguir pareja.
El miedo no es un estado emocional inmóvil, como un estado de tristeza o alegría. Se alimenta de:

  • ** Los estímulos temidos (estar en algún tipo de situación social que nos produce miedo)
  • ** La anticipación (imaginar las situaciones que podrían suceder y sentir el miedo ‘como si’ estuvieran sucediendo los acontecimientos temidos)
  • ** Los mecanismos de evitación (aunque sea una paradoja el ALIVIO de subir por las escaleras AUMENTA el miedo a coger el ascensor de una persona con fobia al ascensor).     por lo tanto las conductas de ‘precaución’ como ponerse en un rincón, hablar poco, cruzar la acera, etc. hacen que sintamos MAS miedo la próxima vez.
  • ** Los pensamientos auto-críticos (del estilo “pareceré tonto/a”, “debería hablar pero no se me ocurre nada”. “estoy haciendo el ridículo”, “parezco torpe”, “me consideran inferior”, etc.).
  • ** La falta de practica en expresión verbal (igual que la falta de ejercicio nos entumece) el expresarse DEMASIADO POCO, dificulta la facilidad y creatividad de comunicación.
  • ** El circulo vicioso que producen las experiencias negativas: como lo hemos pasado mal una vez tememos que la siguiente será igual o peor, con lo esta creencia hace de profecía que se auto-cumple y nos induce a estar más amedrentados e ansiosos la próxima vez, con lo que de nuevo alimentamos el temor para la siguiente ocasión.
  • ** La costumbre de ‘repasar’ y ‘rumiar’ lo sucedido: el no haber sido capaces de actuar con la soltura de los demás (el fóbico puede fijarse en la persona más popular y maravillosa para compararse con ella) nos genera desasosiego y ácida incomodidad personal, recordando cada uno de los pequeños detalles de impotencia y comportamiento penoso con la precisión de un latigazo, y de pronto aparecen iluminadas como por un foco las palabras y las cosas que DEBERÍAMOS haber dicho o hecho.
  • ** La propaganda negativa que hacemos sobre la imagen de nuestro Yo. A base de vernos torpes, inseguros, empobrecidos, poco interesantes, etc. un numero elevado de veces, entramos en la ‘secta’ de los ‘no valgo nada’, con lo que ya ni nos atrevemos a aspirar a las cosas sanas y bonitas que los demás nos parece que sí tienen derecho a tener (amor, admiración, amistad). Esto puede influir poderosamente en nuestras decisiones (aspiraciones laborales, proyectos, el tipo de pareja que nos parece adecuada, los derechos que creemos que nos merecemos, etc.) .
  • ** La angustia como aparición ‘maldita’ e ‘intrusa’. Nos angustiamos por la posibilidad de sentir angustia y al percibir que nos estamos angustiando sólo por pensarlo sentimos que es una angustia incontrolable. La angustia se convierte por sí misma en el peor enemigo -más allá incluso de las situaciones que empezaron a provocar. Tenemos miedo de tener miedo, y que además ese miedo sea visible y nos delate como miedosos dignos de desprecio.

 

Síntomas físicos

Los síntomas de la ansiedad que aparecen en la persona que tiene fobia social cuando se expone a lo temido pueden llegar a ser el símbolo de ‘lo peor’ que le sucede:

  • Sequedad de boca (junto a la idea de que uno se ‘atrabancará’, tartamudeará, toserá, no podrá hablar, etc.)
  • Palpitaciones (el corazón parece correr demasiado deprisa o irregularmente y eso producir desmayos, ataques cardíacos, mareos, o algún tipo de colapso)
  • Temblores de manos, pies o voz que pueden ser rápidamente observados y delatarnos como ‘inferiores’ o ‘penosos’ o ‘impresentables’.
  • Sudor (en las manos que luego puede que tengamos que presentar en un saludo; sudor corporal que traspasa la ropa y nos avergüenza haciendo nos aparecer como ‘indeseables’ o ‘repugnantes’)
  • Rubor (angustia + sentimientos intensos de vergüenza)
  • Falta de concentración (que nos haga olvidar datos que queríamos decir o desorganice el curso del pensamiento de modo que no sepamos de donde veníamos o a donde queríamos llegar)
¿Y la timidez?

La timidez es una forma atenuada de fobia social, y que habitualmente tenemos y disimulamos todos mejor o peor.
No sabemos si resultaremos competentes, valiosos o apreciables a los demás.
Muchas veces esto esta en agudo contraste con un ambiente familiar en el que hemos sido mimados y protegidos, aunque en otras ocasiones es todo lo contrario: un ambiente familiar autoritario y descalificador también produce futuros tímidos.
Nuestra forma de ser se hace en el ejercicio de relacionarse con los demás, es un resultado de ATREVERSE a ser delante de los demás, mezclándose y entrando en conflictos que uno aprende a ir solucionando sobre la marcha.
La persona tímida es cautelosa: no se arriesga a equivocarse, a ser rechazada o a resultar inadecuada, y como no practica no avanza, y espera que un día se levantará con la moral alta y resultará segura de sí misma por arte de gracia (y no pasando por los malos tragos y apuros que todos tenemos que traspasar para curarnos de complejos e inseguridades y para resultar hábiles amigos y relacione públicas).
Descubrir lo que somos realmente tiene algo de lanzarse al abismo de lo desconocido y explorar lo que resulta de ello, y esta es la forma mejor de superar la timidez.
Palabra a palabra obligarnos a nosotros mismos a enseñar LO QUE PENSAMOS pero también -y sobre todo- LO QUE SENTIMOS (como cuando decimos ‘me moleta el humo que me hechas a la cara’ o ‘me gustaría que tomáramos el sábado un café juntos’, o ‘este fin de semana me apetece ir de excursión con unos amigos que hace tiempo que no veo’).
A menudo superar la timidez es una cuestión de número de palabras (cambiar el ‘si’, ‘no’, ‘tal vez’ por frases de cinco minutos).
Dejarse ir hacia una frase que va a ser muy larga es como confiar en tu propio cerebro, en su auto-estimularse, refrescarse y entusiasmarse por una tarea intelectual (en el fondo le encanta, es lo suyo).
La persona tímida tiende a creer que no tiene mucho VALOR, o CAPACIDAD, pero la realidad no es exactamente esa (mucho grandes tímidos han sido perfectamente grande genios científicos o escritores) sino que UNO MISMO/A SE PONE ENCIMA UN PEDRUSCO, inhibiéndose con pensamientos de mal agüero tales como ‘lo mio no tiene importancia’ ‘mis cosas aburren’ ‘mi interés no coincide con el de los demás’ ‘podría ofender, aburrir o molestar a alguien’ o lindezas parecidas.
Este AUTO-SABOTAJE equivale a que estuviéramos pensando ‘seguramente no caminaré recto y estéticamente, pareceré torpe y tropezaré’ y como fruto de esta hipótesis tan poco constructiva REALMENTE hasta consiguiéramos andar mal y tropezar.
Nos cuesta encontrar un lugar en el mundo, EL NUESTRO, y en vez de ello caemos en el error de pretender ser OTROS.
Sería buena cosa rebelarnos de una vez por todas y determinarnos a ser espontáneos, aceptando luego con resignación el número amigos y enemigos que ello produzca (por lo menos seríamos felices NOSOTROS y NUESTROS amigos, y nuestra alegría decoraría como un adorno navideño el paisaje de los demás).

¿Un ataque de pánico de regalo?

El nivel de ansiedad puede subir a un punto crítico por encima del cual se produce un ‘ataque de pánico’ durante unos minutos en los que la persona le parece que pierde el mundo de vista, el equilibrio, o que pudiera enloquecer o estar muriendo de forma repentina.
Los mismos pensamientos de estar ‘pillado’ ‘atrapado’ y padeciendo algo ‘horrible’ actúa de incentivador y mantenedor del ataque. Las complicaciones de los ataques de pánico pueden ser que la persona desarrolle ‘agorafobia’ o miedo a tener ataques de pánico en situaciones donde ya se han producido o que parezcan una ‘encerrona’ (un espacio demasiado cerrado, demasiado abierto, demasiados estímulos o gente, estamos lejos o en una situación en la que haríamos un mal papel huyendo).
Algunas personas caen en el alcoholismo o en el consumo de hachis o cocaína o abusando de los tranquilizantes recetados por el médico como una forma de ‘capear’ estas dificultades sin resolverlas del modo adecuado.

¿Cómo afecta nuestras vidas la fobia social?

Nos empobrece reduciendo a la mitad nuestra vida social, nuestras posibilidades de ocio y progreso profesional.
La frustración que todo ello implica puede reflejarse indirectamente en forma de desánimo general (a veces es causa de caer en un depresión tras un larga etapa vital de sufrimiento) e irritación descontrolada con el circulo familiar íntimo.
Las relaciones que exigen iniciativa, sostén y aportación por nuestra parte se pueden llegar a ver gravemente resentidas y romperse.
Elimina aquellos oportunidades que suelen provenir de la actividad social (hacer amigos en el colegio o en el trabajo, participar en las equipos, promocionarse en el trabajo, etc.) . Puede ocurrirle a un fóbico social que rechace un buen trabajo solamente por el miedo que tiene a las nuevas responsabilidades, especialmente si tiene que tratar con muchas personas y hacer reuniones.

¿Soy un bicho raro?

De 1-2 por mil de los hombre y 2-3 por mil de las mujeres padecen fobia social. Es una dificultad que se conoce bien, tanto el porqué se produce como el modo en el que puede tratarse.

¿Tiene solución?

No es imposible adquirir estas dos capacidad que resolverían el problema:

  1. las habilidades expresivas, sociales y de trato que no hayamos podido adquirir en el curso de nuestro aprendizaje por razones de modelos familiares imperfectos, inadecuada intervención escolar o por las dificultades emocionales que hayan interferido.
  2. La habilidad de controlar el miedo irracional mediante distintas estrategias de enfrentamiento, control emocional e información psicoterapéutica especializada.

Una ayuda farmacológica puede ser aceptable como un medio de atemperar las dificultades iniciales, especialmente si el nivel de ansiedad produce severos síntomas incapacitantes como intensas taquicardias o ataques de pánico, insomnio y depresión.

¿Puedo solucionarlo por mí mismo/a?

  • Algunas lecturas de libros de autoayuda que tratan las fobias de una forma sencilla nos pertrecharán con una mayor comprensión del problema.
  • La práctica de la relajación, yoga, y/o ejercicio para bajar el nivel general de ansiedad.
  • Ejercicios prácticos de expresión:
    • lectura en voz alta del periódico utilizando un tono de voz alto y que tenga contenido emocional;
    • grabar un pequeño ejercicio de unos 10 minutos (5 veces a la semana) en el que contemos como si estuviéramos delante de un grupo de personas un asunto que hemos leído, visto en televisión, escuchado en la radio o hemos oído o pensado. El tema ha de ser diferente cada vez. Contra más exagerado es el tono expresando disgusto, placer, admiración, guasa, etc. más efectivo es el ejercicio. No olvidar al final añadir nuestra opinión sobre el asunto. Procurar conforme pasa el tiempo aumentar la longitud de las frases.
  • Preparar el terreno hablando en primer lugar en las situaciones mas fáciles (familiares de confianza, vecinos, compañeros de trabajo) introduciendo elementos que impliquen humor, comentarios personales y opiniones atrevidas.
  • Procurar adquirir compromisos tales como acudir a las reuniones de vecinos, religiosas o de trabajo, eventos sociales, etc. aunque nuestro papel al principio fuera modesto, pero logrando al menos familiarizarnos más con la situación grupal.
  • Hacernos un plan de EXPOSICIÓN gradual a las distintas situaciones sociales que nos agobian intentando hacer progresos pequeños pero continuados.
  • Suprimir las conductas anticipatorias que tanta ansiedad inducen al adelantar con los ojos de la imaginación mil situaciones agobiantes, humillantes y desagradables. Es mucho mejor no pensar y si tuviéramos que pasar por una situación temida, por ejemplo una boda, no sufrir hasta el momento en el que comience el banquete (y a ser posible tampoco en medio).
  • Tampoco conviene hurgar en la herida más de la cuenta, haciendo agoreras y cínicas disquisiciones de nuestro papel en el mundo. Es mejor concentrarse más en progresar que en criticarse a uno mismo.
  • Conviene facilitar el aproximamiento a los distintos ambientes estando al menos al día de las inquietudes y afanes por las que los humanos nos unimos en amistad (preocupaciones sociales, conocer la música actual, el deporte o las modas, procurando si cabe estar en un buen nivel como para poder más adelante tener algo que aportar).
  • Preocuparse por saber lo que la mayoría sabe (por ejemplo saber hacer una barbacoa, bailar, conocer los procedimientos administrativos, desenvolverse en un restaurante, etc.)
  • Disponer también de una personalidad propia (unos gustos, unas ideas conocidas, unas intereses, etc.) que pueda hacer atrayente y productiva nuestra incorporación en los grupos.
  • En los momentos de hablar en público no estar mirando con lupa nuestras sensaciones físicas perturbadoras sino los ojos de los interlocutores, y mirándolos comenzar a hablar LENTO y DETALLADO en vez de rápido y comprimido tal como el “salir rápido” del apuro nos pediría.
  • Hacer maniobras de preferencia, tales como sentarnos en el sitio de la mesa que más nos gusta y al lado de la persona que nos cae mejor o en el medio (en vez de sentarnos en el rincón más alejado y junto a la persona que menos nos gusta).
  • Si notamos que la voz nos tiembla, en vez  de ultimar proseguir hasta que el efecto desaparezca, haciendo que el temblor inicial quede olvidado por un final aceptable o por la simple voluntad de expresarse.
  • No exigirse a uno mismo el imperativo más bien contraproducente de pretender ser inteligentes para los demás sino que en vez de RENDIR debemos cambiar la misión a PARTICIPAR.
  • Algunos fóbicos sociales han utilizado técnicas de INUNDACIÓN como aceptar un trabajo de cara al público, o presentarse voluntarios en una asociación para obligarse así a ‘pasar por el tubo’ y superar los problemas de una vez. Este método de ‘sacar la muela a mano’ no funciona siempre y puede ser una apuesta que sobrepase muestras verdaderas fuerzas.
  • Si nos sentimos preparados por haber avanzado en los puntos anteriores nos podemos atrever a llevar a cabo alguna actividad mas eficaz tal como apuntarnos a una asociación, un curso de expresión corporal, un taller de habilidades sociales (en el que mediante juegos didácticos, simulación de situaciones y ensayo de nuevos comportamientos, y en un ambiente de personas con similares dificultades a las nuestras podemos quemar etapas) o aceptar un trabajo que sabemos que nos pondrá a prueba.
  • Sería algo bueno de cara a superar los miedos el reflexionar más allá de lo mal que nos sentimos lo que hay de realidad en los supuestos peligros (miedo al rechazo, a que no nos valoren o a no resultar interesantes y dignos de amor que posiblemente provienen de algunos factores educativos mal  aprendidos -o enseñados cabría decir-.
¿Y si no puedo?

Es el momento de acudir a un profesional. Existen distintas psicoterapias exitosas contra la fobia social, siendo un problema clínico relativamente sencillo de solucionar comparado con otros trastornos mentales mayores.
A veces la verdadera dificultad es el orgullo o la cicatería lo que nos impide reconocer que tenemos un grave problema y acudir a un profesional competente.

por José Luis Catalán

http://articulospsicologia.wordpress.com/fobias/fobia-social-y-timidez/

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Insatisfacción laboral: qué puedes hacer cuando no sabes qué hacer


La insatisfacción en el trabajo puede deberse a diversas causas:

  • Trabajo repetitivo que produce aburrimiento.

  • Una gran cantidad de trabajo con salario bajo.

  • Síndrome de estar quemado (burnout) debido al estrés excesivo.

  • Demasiados años en el mismo trabajo, de manera que ya no supone un reto.

  • Falta de formación que impide ascender a puestos superiores.

  • Realizar un trabajo que está por debajo de tus habilidades o formación.

  • Muy poco tiempo libre.

  • Ambiente laboral que no tiene en cuenta las necesidades y sugerencias de los empleados.

  • Ambiente laboral autoritario, con gran cantidad de hostilidad.

  • Bajo prestigio y estatus debido al tipo de trabajo realizado.

A pesar de que muchas personas no están satisfechas con sus trabajos, permanecen en ellos sin hacer cambio alguno. En algunos casos, esto se debe a un punto de vista pesimista, que les lleva a pensar que no van a encontrar nada mejor. Otras personas, en cambio, permanecen en puestos insatisfactorios debido a la seguridad que les da saber que cuentan con una paga fija. No obstante, la productividad de estas personas decrece con los años. Aceptan un bajo salario u otros aspectos negativos de su trabajo, a cambio de la seguridad de tener un puesto fijo. Son el tipo de personas que se enfrentan a la infelicidad que les da su trabajo contando los días para las vacaciones o para su jubilación.

Para otras personas, dejar un trabajo insatisfactorio puede suponer un riesgo debido a que han de mantener una familia, pagar hipotecas u otras deudas, etc., y necesitan tener esa seguridad que les aporta un trabajo fijo, aunque resulte insatisfactorio.

 

Muchas personas parecen no darse cuenta de que sí tienen opciones y pueden hacer elecciones para cambiar sus carreras. Al creer que no tienen más opción que seguir donde están o que no hay nada mejor para ellos, permanecen realizando el mismo trabajo sin intentar ningún cambio, y sin llegar a creer que sus vidas podrían ser mejores. Por tanto, el primer paso para poder realizar un cambio consiste en creer que sí tienes opciones y que es posible, pues eso es lo que te lleva a dar el segundo paso: ponerte en marcha para analizar opciones, posibilidades, recursos con los que cuentas, etc. A veces, por falta de conocimiento, no sabemos con qué opciones contamos hasta que nos ponemos en marcha y, por el camino, vamos descubriendo posibilidades que antes desconocíamos y se nos van abriendo puertas que creíamos cerradas para nosotros (como la persona que piensa que jamás le darán una hipoteca hasta que se pone en marcha y descubre que hay muchas opciones para conseguirla que desconocía).

En otros casos, una persona puede sentirse insatisfecha porque no sabe lo que quiere y tal vez nunca lo haya sabido, de modo que ha aceptado el primer trabajo que ha salido a su paso. Si una persona no sabe lo que quiere, difícilmente se va a sentir satisfecha en el trabajo que realiza.

Soñará con hacer algo mejor, que la llene y la motive, y tal vez cambie de trabajo con frecuencia, intentando descubrir el trabajo “perfecto”. El error de estas personas consiste en que buscan en el exterior, vagando sin rumbo definido esperando que la suerte ponga ante ellos el trabajo soñado, cuando lo cierto es que esta búsqueda ha de comenzar en el interior de uno mismo, conociéndose a uno mismo, conociendo las propias habilidades, los gustos, y luego buscar en el exterior lo que ya has encontrado en tu interior.

http://www.cepvi.com/trabajo/insatisfaccion.htm

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