Manipuladores por excelencia

Por lo menos alguna vez en la vida hemos influenciado a otra persona. Sin embargo, quienes lo hacen constantemente a amigos o parejas se constituyen en seres que siempre manejan situaciones a su conveniencia.

Culpa a los demás, evade responsabilidades, cambia de opinión según la situación, siembra cizaña, se hace la víctima para que lo compadezcan, falsea los datos o expone a su conveniencia, además es egocéntrico, así es Francisco. Él no tiene reparos para conseguir sus objetivos a cualquier precio. Aunque sus amistades lo catalogan como un gran manipulador, él asegura que es un buen estratega y nada más.

Tiene miedo a fracasar pero no lo reconoce y por eso recurre a estrategias para salirse con la suya. Con él todo vale porque es manipulador y eso hace que imponga su visión ante el mundo sin importarle las opiniones o sentimientos de los demás.

Pero como Francisco hay muchos en menor o mayor medida. En la infancia estas técnicas son comunes: “si no me das un chocolate lloro”, “nadie me quiere por eso me castigan”, “voy a buscar a otros papás que me compren los juguetes que yo quiero” son algunas frases típicas que los niños usan para llamar la atención y conseguir sus propósitos.

Es que los manipuladores empiezan con este tipo de conducta por alguna carencia afectiva o emocional de la infancia. “El manipulador aprendió a usar el poder sobre el otro y el manipulado se formó de tal manera para ser querido y aceptado”, dice Gloria Hussman, terapeuta individual y familiar, quien junto con la socióloga Graciela Chiale, es autora del libro “La trampa de los manipuladores”.

A estas personas les falta confianza en ellos mismos. Aparentan una autoestima de la que carecen. Son muy inseguras. Se sienten incómodas en todo tipo de relaciones, por eso proyectan en los otros esa inseguridad y la compensan intentando hacer ver que sólo ellos son los que tienen la verdad.

Sienten temor a la evaluación social. Necesitan dar una buena imagen. La inseguridad les lleva a ser muy temerosos en sus relaciones sociales. Aunque aparenten todo lo contrario.

¿Cómo lo hacen?
El llanto, la histeria y la desvalorización son algunas formas que utilizan los manipuladores. Según el psicólogo Ernesto Quevedo, la cultura y la sociedad influye mucho al asignar roles de género. Por ejemplo, las mujeres se dejan llevar por las telenovelas o por los modelos de madre que han tenido. Generalmente tienen comportamiento de víctima frente al hombre; mientras que este se vuelve manipulador con los códigos de cultura que ha creado. Códigos como el hombre es el que manda o la mujer debe ser obediente.

Y es que la cultura de la televisión, los roles patriarcales que se transmiten de generación en generación tienen influencia en los manipuladores; por eso, recalca, la importancia de trabajar en una educación fundamentada en el respeto y sin manipulaciones.

No hay que olvidar que la manipulación es un recurso para salir de situaciones difíciles, que emplea quien es más débil o está en una posición más frágil o vulnerable.

Los más vulnerables
Aunque hay gente con más características para ser influenciadas; es decir, suelen sugestionarse con mayor facilidad, por lo tanto para que exista un manipulador debe haber alguien manipulable.

Para la psicóloga Sandra Torres Rivas las personalidades histéricas son más propensas a la manipulación afectiva. Y, cuando no está establecida la personalidad hay quienes se someten sin querer.

En una relación de pareja existe manipulación. En el caso de los hombres se caracterizan por parecer encantadores y sufridos y están acostumbrados a usar el miedo, la obligación y el sentimiento de culpa para que la pareja ceda. El hombre ve a la mujer como una marioneta en sus manos y si ella no responde a esos hilos invisibles, empiezan las amenazas. Algunos psicólogos lo conocen como el síndrome del titiritero. Para poder escapar de una persona que posee esas características, lo mejor es entender cómo funciona su manipulación, enfrentarla y tener estrategias para esa situación.

“El hecho de que se ame no implica manipulación, ni que una persona deba convertise en víctima. El problema es que si no se sabe diferenciar se somete”, asegura Torres.

Pero la manipulación no solo se encuentra en la pareja, también la hay de padres a hijos y a la inversa. Muchas veces para sentirse queridos, los progenitores dan lo que se les pide. Si por ejemplo, alguno de ellos fracasa en el trabajo, enseguida recurren a sus ahorros para mantenerlos.

También suele suceder al revés: cuando una madre es manipuladora recurre a frases como “estoy enferma y te quieres ir” o “no te vayas porque me quedo sola”; son formas manipuladoras que se emplean, sobre todo, si los hijos tienen planificado un cambio de vida.

Debilidades evidentes
Francisco, al igual que otros manipuladores, pueden haber sufrido maltratos físicos o psicológicos (sus padres no le prestaron atención o excedieron de responsabilidades).

Ellos no creen en sí mismo y por eso son inseguros, aunque aparentan cabeza fría para criticar a los demás. Se creen modelos a seguir porque necesitan dar una buena imagen para sentirse bien. Caso contrario les da complejo de inferioridad.

Cómo identificar a un manipulador

  1.  Siempre tienen la razón porque solo su punto de vista es el correcto y por eso imponen sus reglas.
  2.  Hacen creer a los demás que son perfectos y que el resto debe imitarlos.
  3.  No soporta la crítica y cuando alguien los enfrenta, niegan la evidencia.
  4.  Tienen doble discurso. Mientras dicen una cosa, sus actitudes o actos son opuestos.
  5.  Utilizan halagos, hacen regalos y dan atenciones a todos para quedar bien.
  6.  Son especialistas en hacer sentir culpa.
  7.  Si no cumple sus peticiones, les agrada maltratar psicológicamente minimizando a la persona manipulada.
  8.  El hombre manipulador amenaza a su pareja con complicarle la existencia si desea terminar la relación.
  9.  Un manipulador se vuelve dócil cuando logra su objetivo, pero esa conducta apenas dura horas o máximo un día.
  10.  Culpa a los demás en nombre del vínculo familiar, de la amistad, del amor, de la conciencia profesional.
  11.  Pone en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás; critica sin parecer que lo hace, desvaloriza y juzga.
  12.  No tiene en cuenta los derechos, las necesidades y los deseos de los demás.

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