APRENDER A DIVERTIRSE

Vestidos con nuestro traje de adultos perdemos la capacidad que teníamos de aprender jugando.
Los mayores pensamos que todo se puede comprar, incluso la diversión, y a menudo nos olvidamos de que las mejores cosas de la vida son gratis. Divertirse es más que entretenerse; es saber dejar de lado las preocupaciones y encontrar la magia de las cosas cotidianas. Reír y pasarlo bien es una actitud sana que todos podemos adoptar.

Si aspiramos a gozar de una mente sana, en el sentido más amplio del término, así como a estar satisfechos en el trabajo, mantener buenas relaciones con los demás, conocernos a fondo y gozar de buena conciencia, tenemos que aprender a divertirnos.

Como adultos, con las responsabilidades que nos abruman, podemos llegar a olvidarnos de la importancia que tiene para nuestra salud mentar pasarlo bien. Pero si pensamos en las personas más sanas que conocemos, veremos que suelen ser también las que se ríen más a menudo y las que disfrutan más de la vida.

Existen evidencias de que las personas excéntricas tienden a ser más saludables, más felices y más longevas. Su excentricidad tiene que ver con la facilidad con que gozan de la vida, solos o acompañados, pero de manera un tanto fuera de lo común. Y es que, bien pensado, puede que la idea convencional que tenemos de la diversión no sea la que más nos convenga.

DESPRENDERSE DE LO SOLEMNE

Por absurdo que parezca, muchas personas se sorprenden durante su tiempo libre preguntándose si se están divirtiendo o no, una pregunta que subraya la complejidad del concepto diversión. ¿Qué es, entonces, la diversión? Significa dejarnos ir, desprendernos de las preocupaciones, de los agobios y de los pensamientos acerca de la responsabilidad. Esto es precisamente lo que hacemos cuando nos divertimos. Disfrutar es, por lo tanto, una actitud y no algo que podamos comprar.

La palabra diversión proviene del vocablo latino divertere, que significa alejar, es decir, distraer la atención hacía otra cosa. Pero no se trata de poner la mente en blanco, sino de apartar la atención hacia lo cotidiano para centrarla en un objeto o en una actividad apetecible, incluso creativa. Si el objeto nos resulta carente de interés, tenderemos a abandonarlo. Es el disfrute en sí lo que nos indica si la actividad merece la pena. Así pues, la diversión nos demuestra dónde radica la satisfacción.

Las personas que están enganchadas a los videojuegos, por ejemplo, asegurarán que esta actividad es divertida. No obstante, si seguimos preguntando, seguramente acabarán, por admitir que se trata de un tipo de diversión poco gratificante que, en última instancia, puede resultar vacua, pues no brinda grandes satisfacciones.

En cambio, cuando disfrutamos realmente con una película, cuando leemos un buen libro, realizamos una caminata placentera, escuchamos o bailamos al ritmo de una música excelente…,entonces, nos sentimos más plenos y satisfechos.

JUEGOS DE NIÑOS

Nuestra sociedad suele etiquetar a los niños distraídos diciendo que son así porque “sufren déficit de atención, son hiperactivos o tienen algún trastorno psicológico”. Pero, ¿por qué no pensar que simplemente están buscando una diversión genuina en su actividad y saltan de una cosa a otra hasta que la encuentran? Cuando lo hacen, son capaces de pasarse mucho tiempo ocupados, interesados y, por cierto, muy concentrados. De hecho, podemos aprender mucho observándolos. Los niños inventan maneras de divertirse y, al mismo tiempo, van aprendiendo constantemente sobre el mundo que les rodea. Están más cerca que nosotros de la naturaleza divina del juego, que es el entretenimiento más puro, la libertad de expresión y de acción sin ningún objetivo, un verdadero fin en sí mismo. No olvidemos que, en muchos mitos, hasta los dioses juegan.

DIVERTIRSE DE VERDAD

Cuando nos hacemos adultos, sin embargo, no solemos tener en cuenta el juego. Por otra parte, tampoco podemos considerar que ciertos lugares que están destinados al ocio sean verdaderos centros de diversión; simplemente, no ofrecen la libertad y la fantasía del verdadero juego. Muchos de nuestros entretenimientos son demasiado pasivos, no estimulan nuestras capacidades y, a menudo, carecen de alegría.

Hace años en clase de yoga, haciendo los ejercicios junto a mis compañeros de clase, pensé que todos estábamos esencialmente jugando. Esa era una manera de divertirnos  a pesar de ser personas adultas. Cuando se lo comenté a mis compañeros, todos estuvieron de acuerdo.

Así pues, tanto para niños como para adultos, parece que la diversión está relacionada con el cuerpo, con aprender, explorar y ampliar la conciencia…Y, para ello, a menudo se requieren compañeros de juego. Quizás este último ingrediente –el placer y el entusiasmo compartidos- es lo que añade magia al juego. Por suerte, lo podemos encontrar en cualquier momento de nuestra vida, incluso de mayores.

LOS OBSTÁCULOS DEL DISFRUTE

Podemos preguntarnos: ¿Me permito pasármelo bien? ¿Cuándo fue la última vez que realmente me divertí?¿Podría tener una vida más divertida? Las respuestas a estas preguntas suelen desvelar obstáculos en nuestra capacidad para divertirnos.

Hay muchas personas que,  sencillamente, no saben cómo hacerlo.  Tal vez nunca hayan jugado realmente, o puede que hayan perdido la conexión con aquel espíritu de su infancia y ahora no sepan cómo retomarlo. Pero siempre podemos recuperar nuestra capacidad infantil de diversión, porque se trata de un atributo innato,

Los primeros obstáculos que podemos  encontrarnos son las preocupaciones,  la  responsabilidad, la vergüenza, la  timidez, el resentimiento…Para poder  disfrutar, tenemos que desprendernos  de todo ese peso; si no podemos dejarlo  para siempre, al menos debemos  intentarlo cada cierto tiempo.

Otra gran traba que podemos  encontrarnos para disfrutar tiene que ver con los roles, el hecho de guardar las apariencias para que los demás no cambien su visión de nosotros.

Y, por último, cabe destacar la imposibilidad que tienen muchas personas de divertirse solas. Son personas que, o bien durante su infancia siempre tuvieron compañeros de juego, o, por el contrario, hubieron de jugar solas y deseaban compañía.

En cualquier caso, solos o acompañados, la diversión es una actitud, un estado mental, y no un bien de consumo. Podemos crear nuestra propia diversión interesándonos por todo lo que hacemos. De la misma manera que los pasatiempos tradicionales se pueden tomar aburridos si los vivimos con un sentimiento de obligatoriedad, el trabajo puede resultar divertido si sabemos poner en él todo el entusiasmo y atendemos cada detalle.

VIVIR CON IMAGINACIÓN

Hay que tener una mente creativa para descubrir el placer en las cosas sencillas: percibir la belleza en lo cotidiano; el humor, en lo extraordinario, y las sutilezas, en los seres humanos. Pero no se necesitan unas dotes especiales para desarrollar este tipo de imaginación: solo se requiere estar alertas e interesados por lo que pasa alrededor.

Cuando le preguntaron al actor estadounidense Robin Williams adónde iba en busca de inspiración para sus ideas cómicas, contestó con franqueza “No voy a ningún lugar especial. Lo único que hago es mirar a mi alrededor cuando voy en el metro”.

Las enormes cifras que se invierten en ocio demuestran la necesidad que tienen los seres humanos de divertirse. No obstante, las mejores cosas de la vida son gratuitas. Queremos ver recompensado nuestro esfuerzo en la vida económicamente, y también buscamos divertirnos y vivir alegremente. Pero no deja de ser una ironía que tengamos que gastar el dinero que ganamos en diversión. Es una compensación demasiado cara; por eso, es importante no gastar nuestros ingresos en diversiones varias.

El ocio organizado no presenta riesgos, pero se olvida con facilidad. ¿Recuerdas con emoción estar tumbado al lado de una piscina, o una visita a toda prisa por cinco museos en una ciudad en la que estuviste solo un día? Ese tipo de diversiones en serie carecen de espontaneidad. Por el contrario ¿a que todavía recuerdas como si fuera ayer aquella excursión que hiciste años atrás con tus mejores amigos, o aquella puesta de sol que contemplaste en la playa con tu pareja; o cuando descubriste a esa persona que tenía tus mismos gustos musicales, literarios o cinematográficos, y con la que te pasaste horas y horas charlando?.

DEJARSE LLEVAR POR LA ESPONTANEIDAD

La verdadera diversión es espontánea, Y es raro que, en el ocio organizado, quepa la espontaneidad –como cuando vas a una fiesta y, a medianoche, la gente decide irse a caminar por la playa; o cuando en un viaje turístico te dejan solo para que visites un pueblo por tu cuenta y luego te pasan a recoger.

Hemos observado con mucha satisfacción que varios amigos y conocidos, al llegar a la madurez, se han apartado de su vida profesional y de sus actividades habituales para dedicarse a aquello que les apasionaba realmente. Nuestro dentista, sin ir más lejos, cultiva aceitunas y elabora aceite. Un pensionista de setenta años jubilado como ebanista y taxista, se ha hecho lutier por vocación…Todos ellos nos han contado lo mucho que disfrutan y con cuánto placer se dedican a sus nuevas actividades. No necesitan el ocio organizado: ellos se lo buscan por su cuenta.

Para acabar recordaremos una frase del genial actor cómico Groucho Marx: “He pasado una noche maravillosa…, pero no ha sido esta”. Ahora te pedimos que recuerdes una ocasión en la que te hubiera gustado decir esta misma frase. ¿Qué estabas haciendo? ¿Qué hubieses preferido estar haciendo? ¿Qué soñaste hacer y no te lo permitiste? Después de responderte, solo tienes que pensar que realizar tus sueños es posible.

Rita González

Executive Coach

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