APRENDE DE TUS PROYECCIONES

  • Cuando alguno de nuestros sentimientos, deseos o intenciones nos avergüenza o no somos capaces de explicarlo, muchas veces lo atribuimos a los demás. Estamos proyectando un problema nuestro que nos negamos a ver. Al darnos cuenta, tenemos la oportunidad de mejorar  la relación con los demás y, sobre todo, con nosotros mismos.

 

  • Las reacciones emocionales que muestras ante las circunstancias de la vida son fuentes de información sobre ti mismo. Si aprendes a observarte en ellas, podrás percibir qué parte de ti estás reconociendo en el otro.

 

Obsérvate

Cuando sientes que alguien “te hace algo”, reaccionas emocionalmente. Tu reacción indica que se trata de una proyección de algo que tú te haces a ti mismo. Te estás “re-conociendo” en alguien ante una situación determinada. Tu reacción automática reproduce un patrón aprendido que aplicas involuntariamente.

 

Describe el patrón

El siguiente paso es reconocer ese patrón en ti: siéntate y describe, con todo lujo de detalles, la actitud que te causa esa reacción emocional. Describe qué hace esa persona, cuándo lo hace, cómo se comporta contigo y, sobre todo, cómo te hace sentir a ti esa actitud. Si tu reacción es positiva significa que esa parte de ti te muestra una parte que te gusta de ti mismo de lo que no eres consciente. Tienes una virtud interna sin reconocer, algo positivo y que aprecias de ti mismo.

 

Reconócete

No se puede transformar nada que previamente no se reconoce. Tanto si la proyección es positiva como negativa, has de aceptar esa parte tuya. Lo que ves en el exterior no es más que una representación de las ideas y actitudes que albergas sobre ti y el mundo. Si es positiva, podrás buscar esa virtud que admiras en alguien y descubrirla en ti para ejercitarla conscientemente. Di es negativa, podrás descubrir que eso que no te gusta en los demás tampoco te gusta en ti, y aprender a cultivar la cualidad contraria y transformarte.

 

¿Se lo haces a los demás?

¿Los demás proyectan en ti…? Pero ¿haces tú lo mismo? ¿A quién? ¿En qué momentos? ¿Por qué? Te darás cuenta que lo que recibes del exterior es reflejo de lo que tú das. Por ejemplo ¿sueles desconfiar de quien desconfía de ti o confiar en quien confía en ti? Uno sólo es libre cuando no le afecta delante de quién está y cuando su actitud es el resultado de una elección y no de una reacción automática demasiado dependiente del entorno.

 

¿Te lo haces a ti mismo?

Todo eso que “haces” a los demás, en realidad, no es más que un reflejo de lo que “te haces” tú a ti mismo. Por ejemplo si te molesta que te critiquen, es muy posible que no sólo critiques a los demás, sino también a ti mismo y, a veces, de forma desmedida o injusta. Identifica los momentos en que haces eso contigo mismo. El cambio real está en modificar esa actitud; sólo entonces el exterior también lo reflejará. Si tú no entras en esa dinámica, no habrá de qué preocuparse, no te afectará que te critiquen o no.

 

Habla con tu proyección

En el siguiente paso, podrías contestar a las siguientes preguntas ¿qué crees que tendría que cambiar esa persona para quedar tú satisfecho? ¿Cómo crees que tendría que actuar? ¿Cómo te gustaría que te tratara? Toma bolígrafo y papel y descríbelo con todo lujo de detalles. Pero atención, no es para que se lo digas al otro, sino para que trabajes contigo. Se trata de transformar  tu propia actitud aprovechando lo que te dice la proyección.

 

Aplícate el cuento

Ya has descubierto “algo” en alguien y has reconocido que ese “algo” también está en ti. Ahora se trata de que te apliques a ti y a tu actitud el mismo cuento que le recomiendas a tu proyección. Conviértete en eso que deseas ver en los demás, emplea tu energía en cambiarte a ti y no en tratar de cambiar al otro. Tú sabes lo que te haría feliz recibir en los demás: empieza por dártelo a ti mismo. En la medida en que aprendas a transformar tu interior, irás encontrando la manera de hacer lo mismo en el exterior.

 

Rita González

Executive Coach

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