¿Para qué sirve la tristeza?

La tristeza no es la ausencia de felicidad, sino una emoción con una función propia.

Los diferentes estados emocionales son una respuesta a señales, tanto internas como externas, que se hallan vinculadas a un perjuicio o a una gratificación. Han evolucionado de tal forma, que permiten a los seres humanos tener mayores posibilidades de supervivencia.

La tristeza se caracteriza por sentimientos de desventaja, pérdida e impotencia. Es considerada una emoción contraria a la felicidad que solemos experimentar todos y que habitualmente, no dura más que unos minutos; de modo que se distingue del estado de ánimo triste, que es capaz de persistir desde unas horas a varios meses, y de la aflicción debida a una pérdida, que puede mantenerse durante mucho tiempo. La persona que está triste suele volverse más callada y distante, menos activa.

La tristeza ha evolucionado, con el fin de que las personas hiciéramos algo respecto a las causas de dicha emoción, como puede ser realizar los cambios oportunos en nuestra actitud o en nuestro modo de vida. Uno de los rasgos básicos de la tristeza es que su manifestación constituye una petición de ayuda a los demás.

Desde un punto de vista evolutivo, la tristeza nos impulsa a recuperar los lazos de apego, por lo que es una emoción adaptativa importante. Así, la ausencia de la madre, por breve que sea, puede causar tristeza en su bebé y provocar que busque a su progenitora, lo cual favorece su supervivencia.

No debemos sentirnos culpables por sentirnos tristes, ya que forma parte de nuestra evolución como personas. La tristeza es necesaria para superar los procesos dolorosos que ocurren, inevitablemente, en nuestra vida. Sin esta emoción, quizá no seriamos capaces de discernir entre lo que no importa demasiado y lo que realmente nos resulta más valioso.

Rita González

Executive Coach

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